Aún no me lo podía creer. Llevábamos una semana en Miami y al parecer todo nos iba de maravilla. Todo era demasiado genial. La ciudad, un montón de chicas guapas en bikini, calor, la playa, un apartamento de lujo...Sólo nos fañtaba un pequeño detalle para que todo fuese redondo: encontrar un curro.
Hacía exactamente un mes que habíamos acabado nuestros contratos de becarios. Así que éramos oficialmente licenciados en derecho y nuestro sueño era poder abrir nuestro propio despacho. Sí, éramos jóvenes y necesitábamos experiencia...de todos modos decidimos comenzar aquí, en Miami, donde el índice de delitos era el más elevado de toda la costa este.
Además, tenía a mis amigos, Jasoer y Emmet. ¿Qué podía pedir más? Decir que Emmet y yo éramos como hermanos era quedarme corto. Nos conocíamos desde que llevábamos pañales. Ambos nacimos en Forks, un pueblecito de Washington de apenas tres mil cien habitantes rodeado por bosques de color verde intenso. Nuestras infancia y adolescencia fue plena y feliz...bueno, más bien éramos los putos amos.
Nuestras familias eran y son adineradas. Jamás nos faltaba de nada. Teníamos de todo y de lo mejor. Las mejores ropas, el mejor coche al cumplir los dieciseis, todos los caprichos...Y en el instituto...éramos los reyes. Se podía decir que éramos los más populares, los más deseados. He de reconocer que hubo algunas ocasiones en las que nos pasamos un poco. Usábamos a las chicas a nuestro antojo gracias a nuestros encantos. Pero bueno...¿qué culpa teníamos nosotros de que nos encontraran irresistibles?
Cuando terminamos el instituto ambos nos matriculamos en derecho en la Universidad de Darmouth. Fue allí donde encontramos a Jasper. El tío era un puto genio con los estudios y con las chicas venido de Texas. He de decir que al principio nos reíamos de su acento y de sus excepcionales modales de caballero sureño, pero el chico al final resultó ser uno de los mejores amigos que jamás pude imaginar.
Pronto los tres nos hicimos inseparables y decidimos que, una vez licenciados, intentaríamos abrir nuestro propio buffet. A pesar de la insistencia por parte de nuestros padres para ayudarnos económicamente, decidimos hacerlo por nuestra cuenta. Ya era hora de volar por nosotros mismos y de madurar, de conseguir las cosas por nuestro propio esfuerzo. Al fin y al cabo ya teníamos veintitres años y nuestros padres siempre se hicieron cargo de nosotros. Ya era hora de devolverles el favor, ¿no?
Estábamos Emmet y yo en la playa observando alelados cómo un grupo de suecas jugaban al voley cuando llegó Jasper. Joder, con lo rubio que era y con lo rojo que se había puesto por el sol parecía un guiri.
- Veo que os lo estais pasando muy bien, cabronazos – dijo el rubio mientras se sentaba en una hamaca.
- Demasiado bien – dije mientras miraba embobado cómo una de las rubias se agachaba para recoger la pelota dejándome unas maravillosas vistas de su trasero.
- De puta madre...vosotros aquí viendo a las suecas y yo mientras encontrando curro – Emmet y yo le miramos al instante.
- ¿Curro? ¿Dónde? - preguntó Emmet - ¿Para ti sólo...?
- No, nuestra racha de buena suerte continua. Me llegó a los oídos que en una famosa discoteca de Rodeo necesitaban a gente, así que mientras que vosotros disfrutabais del espectáculo – dijo señalando a las chicas – Yo estaba hablando con el dueño. Chicos, el sitio es la hostia y además pagan muy bien.
- ¿En una discoteca dices? - pregunté prestando plena atención en Jasper.
- Sí, os va a dar algo. ¿Os acordais de la discoteca a la que no pudimos entrar la primera noche que salimos cuando llegamos? ¿Esa que había una cola interminable para entrar? - ambos asentimos – Chicos...vamos a trabajar en el local más famoso de Miami, en el Forbidden Paradise.
- Joder, me gusta...- dijo Emmet - ¿Y exactamente en qué trabajaremos? ¿De camareros?
- No, Edward trabajará de camarero, yo de dj y tu de gorila.
- ¿Yo de gorila? - dijo Emmet con el ceño fruncido.
- No te preocupes, Emmet. Los de seguridad ligan mucho – bromeé.
- Bah, por eso no me preocupo. De momento tengo en mente quedar con la espectacular rubia que nos tramitó el alquiler del apartamento. Dios santo, qué tetas...
- Vale – dije dejando de mirar a Emmet que empezaba a babear literalmente - ¿Cuándo tenemos que ir?
- He quedado en que esta noche íbamos a hablar con el jefe. He quedado sobre las diez.
- Perfecto.
Sonreí mientras volvía a ponerme las gafas de sol para seguir disfrutando del panorama. Sí, en verdad la vida nos volvía a sonreir una vez más. Trabajar en esa discoteca sería una pasada. Nos pagaban bien y además decían que allí actuaba una chica que estaba de vicio, una verdadera diosa...Sonreí de nuevo, íbamos a ser los putos amos.
A las ocho empezamos a arreglarnos. De momento nos estábamos alojando en un pequeño hotel hasta que nos entregaran las llaves del apartamento y para eso quedaban apenas un par de días. No veía la hora de mudarme al que sería mi nuevo hogar, se trataba de una de las urbanozaciones mejor ubicadas de la ciudad. Además, las vistas a la playa eran una pasada, nos despertaríamos todos los días con la brisa marina.
Decidí vestirme de manera informal, ya que no íbamos a ir a una entrevista de trabajo como ejecutivos, precisamente. Me decanté por unos vaqueros oscuros y una camiseta gris de manga corta. En los últimos años mi cuerpo había cambiado bastante, había ganado volumen y musculatura gracias a mis horas de entrenamiento y sinceramente...hacía gala de este nuevo físico.
Los chicos y yo decidimos ir en el Jeep de Emmet. Los calles aún estaban tranquilas. En apenas un par de horas estas misma calles empezarían a llenarse de jente joven intentado entrar en alguno de los locales exclusivos de esta calle. Apenas había coches aparcados, aunque destacaba magistralmente un imponente BMW negro. Los chicos y yo silbamos cuando le vimos de verca.
- Una pasada de coche – dijo Jasper acariciando con la mirada el contorno del coche – Este llega a los doscientos cincuenta por hora si le das caña.
- Bah, yo no cambio mi Jeep por nada del mundo – dijo Emmet haciendo muecas – Además, ¿para qué demonios quiero llegar a los doscientos cincuenta por hora si no me permoiten circular a esa velocidad?
Jasper y yo sonreímos. Que nadie le tocara a Emmet su preciado Jeep o se armará la tercera guerra mundial...Cuando llegamos a la puerta del local vimos a un chico del tamaño de Emmet más o menos y muy moreno de piel que nos indicó el camino a seguir de manera muy amable. El local estaba, evidentemente, vacío, pero era enorme y contaba con un escenario y con varias tarimas para que la gente bailara.
El chico nos condujo por unas escaleras hasta lo que parecía ser un sótano. Allí, en una sala de unos veinte metros cuadrados había un montón de gente. Más de veinte personas agrupadas entre si y hablando entre ellas mientras metían sus efectos personales en sus respectivas taquillas. ¿Toda esa gente trabajaba en la discoteca? Pude divisar a un par de rubias bastante potentes...¿alguna de ellas sería la famosa chica de la que todos hablaban?
- Esperad aquí, ahora mismo baja Sam, ¿de acuerdo? - dijo el chico moreno que se identificó como Jacob.
Sonreí interiormente al notar que la rubia más alta me miraba fijamente con una sonrisa en los labios. Si en verdad esta era la famosa chica ya tenía la mitad del camino ganado.
- Esa chica te está comiendo con los ojos – dijo Jazz con una enorme sonrisa.
- Lo se – dije riéndome.
- Creído de mierda – tosió Emmet disimuladamente haciéndonos sonreir.
Entonces desvié la mirada y me centré en las escaleras. Por ellas vi bajar las piernas más preciosas que jamás pude recordar. Unas larguísimas y torneadas piernas enfundadas enn unos altisimos tacones que parecían de firma. He de reconocer que me quedé totalmente embobado viendo como poco a poco esas piernas bajaban las escaleras. Esa chica tenía un cuerpo de infarto e iba enfundada en un ceñido y precioso vestido de color rojo intenso. Tuve que parpadear varias veces cuando le vi la cara a la chica. Era preciosa, simplemente. Iba maquillada de manera que sus preciosos ojos marrones parecían enormes y esos labios super carnosos estaban pintados de rojo. Su pelo marrón caía en rizos sueltos por la espalda hasta llegar a la cintura. Esta era la chica, sin duda esta era la estrella del Forbidden, tenía que serlo...Fruncí el ceño, había algo de ella que me resultaba vagamente familiar, sus ojos...
- ¿Por qué esa preciosidad nos está mirando con cara de susto? - preguntó Jasper.
Volví a mirar a la chica a la cara. Era cierto. Nos miraba con los ojos de par en par y parecía...¿asustada?
- Buenas noches, chicos – dijo el hombre moreno y bien vestido que acompañaba a la chica. Esta por su parte se dio la vuelta dándonos la espalda ligeramente – Sabeis que a partir de ahora las nochea quí serán moviditas porque empezamos la temporada alta, así que vosotros – señaló a los chicos que iban vestidos con traje y pinganillo – En vez de dos ojos tendreis cuatro, ¿entendido? No quiero ningún altercado ni dentro ni en los alrededores de mi local – los chicos asintieron – Ahora quiero comunicaros alro. Lo primero en deciros es que teneis nuevos compañeros. Emmet, Edward y Jasper – nos señaló a cada uno – Ayudadles a ponerse al día.
- Eso tenlo por seguro – murmuró la rubia aunque esta vez apenas me volví para mirarla. Mi mente seguía divaganfo en si realmente podía conocer a esa chica morena...
- Y lo segundo – continuó el hombre – Bueno,,,voy a tomarme un año sabático. Emily está embarazada – todos sonrieron y le felicitaron. Suponía que era su mujer o su novia – Así que voy a delegar en la persona en la que más confío – sonrió ampliamente – En Bella.
La aludida se giró dándonos la cara a todos. Su gesto se había compuesto un poco, aunque era evidente que algo la atormentaba. Y cada vez se me hacían más familiares sus facciones. ¿Bella?
- No puede ser – susurró la rubia con rabia. Aunque no lo dijo lo suficientemente bajo ya que Sam la oyó perfectamente.
- Tanya, no tengo que decirte que Bella tendrá carta blanca para hacer ño que quiera, ¿cierto? Incluyendo que puede contratar y despedir a quien le plazca – dijo con una sonrisa lobuna que hizo que la rubia, Tanya, se callara de golpe – Bien, ahora por favor...a trabajar.
La gente terminó de guardar sus cosas mientras murmuraban entre ellos. La gran mayoría de ellos se acercó a la chica a felicitarla antes de subir las escaleras. Ella se limitó a sonreirles.
- Bueno, Sam...- dijo la tal Bella por primera vez...esa voz...- Si no me necesitas para nada más...me marcho para prepararme y...
- No, espera. Quiero que conozcas a los nuevos fichajes. Chicos, quiero presentaros a la estrella indiscutible del Forbidden, Bella Swan – dijo Sam señalandola con una sonrisa.
¿Bella...Swan? Entonces caí en la cuenta. Swan. Bella Swan. Isabella Swan. No. No podía ser, ¿a que no? ¿Cómo...cómo había cambiado tanto? Me quedé mirándola más fijamente y sí. Definitivamente esta chica era Bella Swan. O como la apodabamos en el instituto en Forks...la Gorda.
- ¿Isabella Swan? - pregunté sin poder evitarlo.
Bella Swan me fulminó con la mirada. Realmente no tenía nada que ver con la tímida, sumisa y fea chica rellenita que vivía en Forks. Todo rastro de Isabella había desaparecido para convertirse en esta belleza de hielo. Y si las miradas matasen, en estos momentos yo ya estaría en el infierno.
- No puede ser – susurró Emmet.
- Sí, sí puede ser. Soy yo, Swan la Gorda con mayúsculas – nos miró fijamente a los dos de arriba abajo – No sabeis cuanto lamento tener que soportaros. Ahora si me disculpais me voy a trabajar.
Isabella, o mejor dicho, Bella, se dio la vuelta y subió las escaleras contoneando su ahora bien formado cuerpo dejándonos a Emmet y a mi con la boca a bierta ante un muy confundido Jasper.
- Chicos – nos llamó Sam – Mirad, no se si conoceis a Bella o no, pero os doy un consejo: cuidado con ella. Es la tía más legal que conoczco, pero no tendreis playa suficiente para correr si la tocais los cojones – suspiró – Bueno, mañana cuando vengais Bella os tendrá preparados los contratos, ¿de acuerdo? - y dicho esto nuestro recién estrenado jefe se marchó.
Hicimos el mismo recorrido para salir en total silencio. Cuando llegamos al coche y nos montamos, emmet y yo dejamos salir todo el aire de nuestros pulmones de golpe.
- ¿Me puede explicar alguien qué coño está pasando aquí? - preguntó Jazz confundido.
- Es una larga historia – dije mirandole de reojo.
- Tengo tiempo – dijo de manera irónica – Necesito saber si esa chica me va a cortar los huevos por el simple hecho de ser amigo vuestro. ¡Joder! Si hubiera podido mataros con la mirada lo habría hecho – exclamó mientras Emmet arrancaba el Jeep.
- Ahora mismo necesito un trago – dijo Emmet – cuando lleguemos al hotel...te contaremos...
Hicimos todo el trayecto en un inusual e incómodo silencio. Normalmente Emmet ponía la música a todo volumen, pero ahora no estaba el horno para bollos. Joder...también era una puta casualidad volver a encontrarnos con Isabella Swan después de tanto tiempo. Y de qué manera...ahora era una chica con una hermosura directamente proporcional a su frialdad. Nada que ver con la chica que ambos habíamos conocido.
Una vez dentro del hotel, Emmet atracó el mini bar de su habitación. Sacó tres botellitas de vodka y nos sirvió una copa a cada uno.
- ¿Y bien? - dijo Jasper tras beber de su vaso.
- Conocemos a esa chica – empezó Emmet.
- ¡No jodas! No me había dado cuenta – espetó Jasper con ironía – Teniendo en cuenta las características de la chica seguro que alguno de los dos se la folló y la dejó tirada después – dijo con el ceño fruncido.
- Justo – murmuró Emmet – Has dado en el clavo.
- Lo que me imaginaba...esa chica es un bombón...¿quién de los dos tuvo el placer?
- Yo – dije mientras me llevaba la copa a los labios – pero las cosas no ocurrieron como tu te lo estás imaginando – dije sintiéndome repentinamente mal.
- Calla la puta boca, Edward...no hace falta entrar en detalles – espetó Emmet.
- ¿Qué te pasa? Yo me acosté con ella, pero si no recuerdo mal el que propuso el tema de la apuesta fuiste tu – dije levántandome de la silla – Joder...jamás me imaginé que íbamos a volver a verla y menos con este cambio...
- Chicos, estoy aquí...- dijo Jazz – Y no estoy entendiendo nada. ¿A qué cambio te refieres? ¿Y a qué apuesta?
Caminé hasta la ventana para mirar el paisaje y para pensar mi respuesta. Desde nuestro hotel se podían ver as luces de los hoteles más lujosos y de las innumerables salas de fiestas.
- Bella vivía en Forks – dije girándome para encarar a Jasper haciendo que Emmet bufara sonoramente – Emmet decía que yo no era capaz de seducir a Bella y conseguir que se acostara conmigo...
- ¿Entonces necesitabas de una apuesta para mojar? - bromeó Jasper.
- Bella no era como es ahora...ella...estaba rellenita...
- Gorda es más adecuado – me cortó Emmet.
- Estaba rellenita – continué – Y nos reíamos de ella...era la típica chica con granos, sosa y poco agraciada...En un momento dado nos enteramos de que estaba loca por mi y...decidimos jugar.
- ¿Enamoraste a esa chica, te acostaste con ella y luego te reiste en su cara? - preguntó Jasper con gesto de incredulidad.
- Algo así – balbuceé.
- ¿Algo así? - repitió mi amigo.
- Bueno...
- Cállate, Edward – volvió a gruñir Emmet.
- Me acosté con ella...y...además...puede que enseñara algunas fotos de ella, desnuda...en mi cama...y...
- Déjalo ya - gruñó Emmet. Esta vez si que le hice caso.
- ¿Qué? - Jasper se levantó de golpe de la cama totalmente furioso - ¿En serio fuisteis tan rastreros como para hecer eso?
- Sólo fue una broma – se defendió Emmet.
- ¿Una broma? ¡Los cojones! Sois unos cabrones – dijo Jasper – No me extraña que os quiera asesinar con la mirada...
- Tampoco fue para tanto – replicó Emmet – Después de eso se marchó a estudiar fuera, según sus padres...A la vista está de que no le fue tan mal después de todo...mírala, está como un tren...
- ¡Joder! - espeté haciendo que ambos me miraran – También es casualidad...¡Me cago en la puta!
- Sois unos cabrones – repitió Jazz mirándonos con pena – Realmente nunca creí que pudierais hacer una cosa así...
- Teníamos dieciocho años...éramos unos críos – dijo Emmet.
- Érais unos crío, pero jugasteis con la intimidad de una persona...¿Qué os apostasteis?
- ¿Qué? - pregunté confundido.
- ¿Mereció la pena ganar la apuesta? ¿Qué apostasteis?
- Cien dólares – murmuré.
Joder – espetó Jasper – Cien putos dólares...sois unos hijos de...- no llegó a completar la frase, aunque salió por la puerta murmurando palabras que no logré escuchar.
Me derrumbé en la cama presa de un inconsciente y tardío ataque de culpabilidad.
- Jasper va a pensar que somos unos hijos de puta – dijo Emmet mirándome con el ceño fruncido.
- Es que somos unos hijos de puta. Mierda...¿qué se supone que vamos a hacer ahora?
- ¿Cómo que qué vamos a hacer? Vamos a ir al trabajo y vamos a hacer como que no ha pasado nada. Hace mucho tiempo de lo de la apuesta, seguramente ella ya lo haya dejado atrás...No le des más vueltas.
Emmet se metió en el baño y pronto se escuchó al ducha. Era cierto. ¿Por qué demonios comerme la cabeza por algo que hice hace tanto tiempo? No, no lo haría. Además, parecía ser que el tiempo había jugado a favor de Bella. A la vista estaba el buen cambio que había dado, ¿no?
EN EL PRÓXIMO CAPITULO
- Y yo no voy a permitir que dañes a mi amiga como lo hicisteis conmigo – me giré para irme y dar por concluída la conversación, pero entonces me agarró fuertemente de la muñeca y me giró. Sentí una nueva oleada de ira.
- No voy a hacerla daño – espetó con rabia. Me solté de su mano de un tirón y le encaré.
- No vuelvas a tocarme o te juro por lo más sagrado que no querrás oir el sitio por el que te puedo clavar los doce centímetros de tacón que llevo puestos – susurré haciendo que Emmet me soltara de golpe la muñeca...
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