CAPITULO 3 SOPORTANDO TU PRESENCIA
Llegué a casa a las cinco de la mañana. La noche había sido horrible, aunque nadie se había dado cuenta de lo muchisimo que me había costado hacer de tripas corazón.
Actué como siempre, me desnudé delante de cientos y cientos de personas desconocidas. Sonreí, charlé con la gente, me hice fotos con todo el mundo que me lo pidió...pero por dentro estaba rota, completamente hecha añicos. ¿Por qué? ¿Por qué mis sospechas se tuvieron que hacer realidad? ¿Por qué el destino los ponía de nuevo en mi camino?
Definitivamente todo estaba mal conmigo. No puedo describir con palabras el sentimiento que me azotó el cuerpi cuando vi de nuevo a Emmet y a Edward. Tan cerca de mi...La rabia, el dolor y la venganza embargaron mi cuerpo...pero ahora sólo podía sentir miedo y temor al recordar todo lo que había pasado por culpa de ellos. Por su culpa perdí todo lo que un día tuve y todo lo que jamás volveré a tener...
Me quité el vestido y lo lancé sin ningún cuidado sobre el sofá. Me puse un camisón y me encendí un cigarro mientras me quitaba el maquillaje de manera brusca. Mal. Todo volvía a estar mal.
Y lo peor de todo era que de esta manera confirmaba por completo que el Emmet de Rose era el Emmet al que había visto hacía escasas horas. Era el Emmet que yo conocía. ¿Cómo iba a lidiar con todo aquello? ¿Cómo iba a aguantar tenerlos tan cerca? En el trabajo, al lado de Rose, incluso pronto vendrían a vivir cerca de mi, a escasos metros. ¿Qué haría? ¿Huir? Eso ni hablar, esa idea quedaba fuera de mis posibilidades. No volvería a huir por culpa de ellos. Ahora me había convertido en una mujer fuerte, no tenía nada que ver con la chiquilla tímida que vivió en Forks. Ahora lucharía por mantener mi vida tal y como estaba.
Entré en una gran sala. Estaba llena de gente, adolescentes sentados en mesas y en ellas había bandejas de comida. Los chicos y las chicas llevaban mochilas, carpetas y libros en las manos...estaba en la cafetería del instituto...¿Qué hacía aquí?
Anduve entre las mesas mientras me miraba la gente. Al ver todas esas bandejas repletas de comida me entró hambre, así que decidí ir hasta la fila para recibir mi comida. Mientras caminaba por el pasillo para sentarme en una de las mesas alejadas la gente me susurraba cosas a mi paso, pero no oía bien lo que me decían.
"Gorda", "gorda", repetían una y otra vez mientras se reían de mi. Sentía cómo cada vez me hacía más y más pequeña...hasta que alguien me hizo la zancadilla. Caí aparatosamente haciendo que la sopa que llevaba empapara mis ropas haciendo que se pegaran a mis rotundas carnes.
"Madre mía, desnuda tiene que ser todo un espectáculo!, susurró alguien. "Se me ha ocurrido una idea", murmuró Emmet, "juguemos con la gorda", dijo mientras me miraba y se reía de mi en mi cara.
Me levanté con la cara empapada en sudor y con la respiración agitada. Malditos sueños...Aunque ese no había sido de los peores. ¿Cuánto tiempo soporté todas esas humillaciones? Sacudí la cabeza para sacar esos pensamientos de mi mente.
Miré el reloj, apenas eran las siete de la mañana. Lo que quería decir que hoy debería de abusar del maquillaje para que mis ojeras por la falta de sueño pasasen desapercibidas.
Fuis hasta mi cocina y me preparé un capuccino con mucha nata, como a mi me gustaba. Me senté en frente del ventanal del salón; desde ahí podía ver la enorme piscina de mi urbanización. Como a unos quinientos metros estaba Miami Beach. Incluso a esas horas de la mañana había gente paseando por la arena, corriendo o simplemente observando el mar. Suspiré sonoramente mientras cerraba los ojos dejándome llevar por el aroma del café...
Como era incapaz de volver a meterme en la cama me levanté y me fui a la habitación para ponerme un bikini para bajar a la playa. Una vez vestida, cogí mi móvil y bajé a dar un paseo.
Se respiraba tranquilidad en la playa a esas horas. Un par de personas pasaron junto a mi haciendo footing seguidos de un perro. A pocos metros se encontraba un hombre con un aparatoso artefacto buscando "tesoros" en la arena. Cerré los ojos y me empapé de la tranquilidad de lugar a esas horas. Me acerqué a la orilla y me empapé de la tranquilidad del lugar a esas horas. La sensación era maravillosa...aunque duró poco porque, como siempre, el teléfono arruinó el momento. Había veces que me daban unas ganas de lanzarlo bien lejos...con un poco de suerte le caería a alguno en la cabeza.
- Dime, Rose – dije con voz cansina.
- ¿Te he vuelto a despertar? - dijo con pánico fingido.
- No, idiota. Estaba paseando por la playa.
- ¿A estas horas? ¿Hay algún tío bueno? - sonreí. Rosalie siempre sonseguía hacerme sonreir en mis peores momentos.
- No...a no se que en tu definición de tío bueno entre el primo hermano de Popeye...
- Ugh, no me digas que ya está otra vez el tío ese raro buscando hojalata en la arena...
- Justo – dije riéndome - ¿Qué querías?
- Quería invitarte a desayunar...en realidad es una sorpresa...supongo que te gustará...
- Rose, sinceramente me dan miedo tus sorpresas.
- No, en serio...me gustaría que vinieras. Necesito tu opinión de algo...
- Está bien – suspiré.
Una hora más tarde me encontraba aparcando en la puerta del Hotel Luxor y dirigiéndome a la misma mesa de siempre...para llevarme la desagradable sorpresa de que Rose no estaba sola. Sentado junto a ella se encontraba Emmet, que la miraba como embelesado. Edward y el chico rubio, Jasper, estaban también con ellos.
Se sorprendieron notablemente cuando me vieron. Sus ojos se abrieron mucho y me miraron "discretamente" de arriba abajo. Rose se aclaró la garganta.
- Bueno, chicos...os presento a Bella, mu mejor amiga – ellos se miraron sin saber qué decir y yo estaba en la misma situación. Sabía que esto pasaría en algún momento, pero no pensaba que ocurriría tan pronto.
- Hola, Bella...yo soy Jasper – me dijo el rubio con una radiante sonrisa – Anoche no tuvimos ocasión de presentarnos debidamente.
- Encantada...supongo – carraspeé – Supongo que a partir de ahora nos veremos...mucho...
Me senté no sin reticencia en la silla que quedaba vacía. Agradecí el hecho de sentarme entre Rose y Jasper. Observé atentamente al chico. Aparentemente tenía más o menos nuestra edad y tenía que reconocer que Rose tenía razón; el chico era muy guapo. Rubio, alto y con los ojos tan azules como el cielo. Además, su sonrisa parecía sincera. También parecía haberse dado cuante de que el ambiente estaba más que tenso.
- Así que...- Emmet tosió incómodo – Esta es tu famosa amiga...
- Sí, Emmet – dije mientras el camarero nos tomaba nota – Yo soy la amiga de Rose. Ya ves, Rose – miré a mi amiga - ¿Te ha dicho Emmet que él y sus amigos empiezan hoy en el Forbbiden?
- ¡Si! Es genial, ¿verdad? - dijo Rose mientras botaba en su silla.
- Sí, es chachi – dije de manera irónica haciendo que Jasper se riera – Es genial volver a encontrarse con amigos después de tanto tiempo, ¿verdad, chicos?
Entonces Edward levantó la cabeza. Hasta ese momento estuvo mirando el mantel como si fuera la cosa más fascinante e interesante del mundo. Y me miró a los ojos. Con el tiempo parecía que se habían vueltp más verdes. He de reconocer que estaba incluso mucho más imponente de lo que estaba cuando estaba...enamorada de él. Ambos aguantamos la mirada por unos segundos antes de que él girase levemente la cabeza rompiendo nuestro contacto visual.
- ¿Os conocíais de antes? - preguntó Rosalie mientras removía su café.
- A Edward y a Emmet – señalé.
- Eso es fantástico – Rose parecía ajena a todo y super encantada de la vida. Sólo tenía ojos para Emmet - ¿Érais muy amigos? - Edward se atragantó levemente con su café.
- Oh, sí...emmet gastaba unas bromas muy graciosas, ¿a que sí?
- Graciosisimas – espetó el aludido.
- ¿Bromas? ¿Qué tipo de bromas? - preguntó mi amiga. Pude ver a Jasper negar con la cabeza.
- Sólo espero que no te gaste las bromas tan pesadas que me gastó a mi – dije con rabia.
- Bella...- me llamó Emmet - ¿Podría hablar un momentito contigo? A solas – aclaró.
Sin contestar me levanté y fui hasta el pasillo donde se encontraban los baños. ¿Qué demonios quería ahora? Ya me estaba costando un trinfo aguantarme y mantener la boca cerrada por el bien de Rosalue. Dios, en la joyita en la que se había ido a fijar con la de chicos que había en el mundo...
- ¿Qué quieres? - espeté. Anoche cuando los vi, sufrí un pequeño bajón, pero por nada del mundo dejaría que me volvieran a pisar...y mucho menos ellos.
- ¿Quieres dejar de hacer eso?
- ¿El qué? Yo no he hecho absolutamente nada.
- Escúchame bien...hace mucho tiempo que pasó lo de la...broma. No tienes por qué removerlo ahora después de tanto tiempo. Por nuestra parte está todo olvidado – entonces sentí al ira crecer.
- Me parece perfecto que tu y tu amiguito lo olvidarais...pero no creas que se va a alejar de mi mente...Eso estará conmigo presente siempre...
- Vamos, Bella...eso pasó hace mucho tiempo. Éramos jóvenes e inmaduros. No quiero que estropees lo que pueda surgir entre Rose y yo por un rencor del pasado. Esa chica me gusta realmente y no voy a permitir que tu te interpongas entre nosotros.
- Y yo no voy a permitir que dañes a mi amiga como lo hicisteis conmigo – me giré para irme y dar por concluída la conversación, pero entonces me agarró fuertemente de la muñeca y me giró. Sentí una nueva oleada de ira.
- No voy a hacerla daño – espetó con rabia. Me solté de su mano de un tirón y le encaré.
- No vuelvas a tocarme o te juro por lo más sagrado que no querrás oir el sitio por el que te puedo clavar los doce centímetros de tacón que llevo puestos – susurré haciendo que Emmet me soltara de golpe la muñeca – Ahora óyeme tu a mi. Si veo a Rosalie llorar por tu culpa o le haces la décima parte de lo que me hicisteis a mi, te juro que lo lamentarás, Emmet. Ya no soy la misma de antes, conmigo no se juega.
Salí rápidamente de allí con una rabia y un dolor indescriptibles. ¿Que ellos ya lo habían olvidado? Sí, seguramente después de una semana de risas ininterrumpidas a mi costa el tema fue perdiendo su gracia...Por desgracias yo sigo recordando, día a dia. Lo perdí todo, absolutamente todo.
Me senté en la mesa y medio minuto después lo hizo Emmet. Jasper me miraba con un gesto de comprensión en su cara. ¿Sabría algo de la historia? Me quedaba esa duda, pero lo que sí sabía es que el chico rubio me estaba empezando a caer realmente bien.
Por otro lado estaba Edward. Nos miraba de manera intermitente a mi y a Emmet, como si de un partido de tenis se tratara. Sus ojos verdes se clavaron en los mñio.
- ¿Todo bien? - me preguntó sosteniéndome la mirada.
- De momento – costesté con voz monocorde.
- Eh, ¿sabes? - empezó a decir Jasper – Ahora mismo nos están haciendo la mudanza...creo que seremos vecinos...
- Sí, eso me han dicho – murmuré.
- A mi me encanta la idea, chicos – dijo Rose entusiasmada – Podemos quedar para cenar y para ver unas pelis de vez en cuando...
- A mi me encantaría – dijo Emmet sonriéndola.
- ¿Tú que dices, Bella? - me preguntó mi amiga.
- Claro – dije mareando literalmente mi café – Chupi party – murmuré haciendo que Jasper volviera a reirse.
- Bueno – dijo Edward – Creo...creo que deberíamos de ir a ver cómo van los de la mudanza – me miró e hizo un amago de sonrisa, aunque más bien le salió una mueca extraña. Yo le ignoré deliberadamente.
- Sí, no vaya a ser que se carguen la televisión de plasma. A Emmet le daría algo si no pudiera ver a los Lakers en cuarenta y dos pulagas – bromeó Jasper.
- ¿Eres de los Lakers? - chilló Rose - ¡A mi me encantan! Qué casualidad...- no pude evitar rodar los ojos.
- Bueno, Bella. Esta noche nos vemos – se despidió Jasper. Los otros dos se limitaron a sacudir la cabeza a modo de saludo.
Cuando los chicos se fueron miré a Rose. Tenía en su cara una sonrisa de felicidad que jamás la había visto.
- ¿Qué te parece? Bueno, no me digas nada...¡si ya os conociais! Dime algo – dijo mientras botaba en su silla de nuevo.
¿Y ahora qué se supone que tenía que decirla yo? ¿El chico que te gusta es un cabrón redomado? Viendo su cara de felicidad no podía hacerle eso. Aunque me encontraba en un serio dilema. ¿Cómo podía dejar que mi mejor amiga empezara algo con un patán como era Emmet? Y siendo egoísta, ¿cómo iba a aguantar tener a esos dos elementos hasta en la sopa? Definitivamente dejaría que las cosas siguieran su curso. Por el momento no le diría nada a Rose, pero por el bien de Emmet esperaba que no le hiciera nada a mi amiga; si no se las vería conmigo.
- Bueno...hace mucho que no nos veíamos...Además tampoco éramos muy amigos cuando vivíamos en Forks...Si te gusta, adelante.
- ¡Hi! ¿Que si me gusta? Está tremendo...y esos oyuelos que se le forman cuando me sonríe...creo que cupido ha dado de lleno – dijo llevándose teatralmente las manos al corazón – Bueno, ahora te toca a ti, ¿te ha gustado alguno de los amigos de Emmet? - puse todo mi empeño por no atragantarme.
- Jasper es muy simpático – dije eludiendo la pregunta
- Sí, es muy agradable...y está bueno...Pero Edward tiene unos ojazos, los más verdes que recuerde haber visto.
Rose había dado justo en el clavo. A parte del gran atractivo natural que poseía Edward, fueron sus ojos lo que hicieron que terminara de enamorarme de él. Era el conjunto de su pálida piel y su eplo castaño con esos extraños reflejos cobrizos y...por supuesto, esas dos esmeraldas verdes...Todas las chicas estaban locas por él en el instituto y yo no fui menos.
El resto de la velada la pasé un poco ausente, apenas era consciente de lo que em estaba contando mi amiga. Tras un par de horas más de un monólogo por su parte en el que el protagonista indiscutible era Emmet, me despedí de Rose y me fui a casa a intentar descansar para estar fresca para la noche.
De nuevo estaba paseando por un pasillo. En él había una hilera de casilleros...era el pasillo central del instituto, de mi instituto. Agradecía que nadie más hubiera en él; así no podrían insultarme. Saqué los libros de mi casillero para mi próxima clase y cuando me giré, me topé con algo haciendo que todos mis libros y cuadernos cayeran al suelo. Cerré los ojos fuertemente esperanso a que alguien se riera de mi y me llamara torpe. Pero el insulto nunca llegó. En vez de eso si cómo dos pálidas manos recogían con cuidado todas mis cosas y me los entregaba. Al levantar la vista ahogñe un grito. Era Edward Cullen...y me estaba sonriendo. A mi.
- Ten más cuidado – dijo con una dulce sonrisa – Podrías haberte hecho daño...
- Gra...gra...gracias – balbuceé quedando horrorosamente mal delante del protagonista de mis sueños.
- Isabella...he pensado que tu y yo...podemos hacer juntos el trabajo de biología...¿Te gustaría hacerlo conmigo? - dijo con una sugerente sonrisa. Yo le miraba embelesada. Me estaba hablando a mi. Edward Cullen.
- Me encantaría.
Entonces un montón de gente de arremolinó a nuestro alrededor. Movían sus labios pero nopodía escuchar lo que decían. Parecían enfadados y me gritaban directamente a mi. Poco a poco empecé a escuchar las voces...puta, zorra, guarra, gorda...todos me gritaba a la vez fundiendo unos insultos con otros. Me giré en busca de Edward, pero ya no estaba...había desaparecido. En su lugar se encontraba mi padre con cara furiosa y apenada.
- Fuera de mi casa. Yo ya no tengo hija...
Me tapé los oídos con las manos y me hice un ovillo en el suelo intentado en vano no escucharlos, pero era imposible. Esas horribles voces, incluída la de mi padre, se colaban por mis oídos. Sólo pude llorar, llorar, llorar...
Cuando al fin me desperté fui consciente de que estaba llorando de verdad. Esta no era la primera vez que tenía pesadillas como esta, aunque esta vez estaban provocadas por otros motivos...Me levanté de la cama decidida a no dejar que me vieran débil. No me pisotearían más. No dejaría que me humillasen ni les dejaría ver mi lado débil. Ahora me tocaba ser fuerte, por mi y por todo lo que perdí...
EN EL PRÓXIMO CAPITULO
- Y el momento de más auge en el local es cuando Bella sale vestida y maquillada como una verdadera pin up y...poco a poco se desnuda...¡Es increíble! Hasta las chicas la aplauden...simplemente es arrebatadora – comentó Rose sonriendo.
- Eh...¿que Bella se...desnuda? - Jasper no pudo reprimir la carcajada que salió de sus labios al verme tartamudear.
- Sí – explicó Rose – Lo hace todas las noches...primero salen las go gos y bailan...luego las luces se apagan, ponen una música sugenrente y...¡ta chán! Un foco ilumina a Bella, cada día en una parte diferente del escenario y poco a poco se va quitando la ropa y...
Llegué a casa a las cinco de la mañana. La noche había sido horrible, aunque nadie se había dado cuenta de lo muchisimo que me había costado hacer de tripas corazón.
Actué como siempre, me desnudé delante de cientos y cientos de personas desconocidas. Sonreí, charlé con la gente, me hice fotos con todo el mundo que me lo pidió...pero por dentro estaba rota, completamente hecha añicos. ¿Por qué? ¿Por qué mis sospechas se tuvieron que hacer realidad? ¿Por qué el destino los ponía de nuevo en mi camino?
Definitivamente todo estaba mal conmigo. No puedo describir con palabras el sentimiento que me azotó el cuerpi cuando vi de nuevo a Emmet y a Edward. Tan cerca de mi...La rabia, el dolor y la venganza embargaron mi cuerpo...pero ahora sólo podía sentir miedo y temor al recordar todo lo que había pasado por culpa de ellos. Por su culpa perdí todo lo que un día tuve y todo lo que jamás volveré a tener...
Me quité el vestido y lo lancé sin ningún cuidado sobre el sofá. Me puse un camisón y me encendí un cigarro mientras me quitaba el maquillaje de manera brusca. Mal. Todo volvía a estar mal.
Y lo peor de todo era que de esta manera confirmaba por completo que el Emmet de Rose era el Emmet al que había visto hacía escasas horas. Era el Emmet que yo conocía. ¿Cómo iba a lidiar con todo aquello? ¿Cómo iba a aguantar tenerlos tan cerca? En el trabajo, al lado de Rose, incluso pronto vendrían a vivir cerca de mi, a escasos metros. ¿Qué haría? ¿Huir? Eso ni hablar, esa idea quedaba fuera de mis posibilidades. No volvería a huir por culpa de ellos. Ahora me había convertido en una mujer fuerte, no tenía nada que ver con la chiquilla tímida que vivió en Forks. Ahora lucharía por mantener mi vida tal y como estaba.
Entré en una gran sala. Estaba llena de gente, adolescentes sentados en mesas y en ellas había bandejas de comida. Los chicos y las chicas llevaban mochilas, carpetas y libros en las manos...estaba en la cafetería del instituto...¿Qué hacía aquí?
Anduve entre las mesas mientras me miraba la gente. Al ver todas esas bandejas repletas de comida me entró hambre, así que decidí ir hasta la fila para recibir mi comida. Mientras caminaba por el pasillo para sentarme en una de las mesas alejadas la gente me susurraba cosas a mi paso, pero no oía bien lo que me decían.
"Gorda", "gorda", repetían una y otra vez mientras se reían de mi. Sentía cómo cada vez me hacía más y más pequeña...hasta que alguien me hizo la zancadilla. Caí aparatosamente haciendo que la sopa que llevaba empapara mis ropas haciendo que se pegaran a mis rotundas carnes.
"Madre mía, desnuda tiene que ser todo un espectáculo!, susurró alguien. "Se me ha ocurrido una idea", murmuró Emmet, "juguemos con la gorda", dijo mientras me miraba y se reía de mi en mi cara.
Me levanté con la cara empapada en sudor y con la respiración agitada. Malditos sueños...Aunque ese no había sido de los peores. ¿Cuánto tiempo soporté todas esas humillaciones? Sacudí la cabeza para sacar esos pensamientos de mi mente.
Miré el reloj, apenas eran las siete de la mañana. Lo que quería decir que hoy debería de abusar del maquillaje para que mis ojeras por la falta de sueño pasasen desapercibidas.
Fuis hasta mi cocina y me preparé un capuccino con mucha nata, como a mi me gustaba. Me senté en frente del ventanal del salón; desde ahí podía ver la enorme piscina de mi urbanización. Como a unos quinientos metros estaba Miami Beach. Incluso a esas horas de la mañana había gente paseando por la arena, corriendo o simplemente observando el mar. Suspiré sonoramente mientras cerraba los ojos dejándome llevar por el aroma del café...
Como era incapaz de volver a meterme en la cama me levanté y me fui a la habitación para ponerme un bikini para bajar a la playa. Una vez vestida, cogí mi móvil y bajé a dar un paseo.
Se respiraba tranquilidad en la playa a esas horas. Un par de personas pasaron junto a mi haciendo footing seguidos de un perro. A pocos metros se encontraba un hombre con un aparatoso artefacto buscando "tesoros" en la arena. Cerré los ojos y me empapé de la tranquilidad de lugar a esas horas. Me acerqué a la orilla y me empapé de la tranquilidad del lugar a esas horas. La sensación era maravillosa...aunque duró poco porque, como siempre, el teléfono arruinó el momento. Había veces que me daban unas ganas de lanzarlo bien lejos...con un poco de suerte le caería a alguno en la cabeza.
- Dime, Rose – dije con voz cansina.
- ¿Te he vuelto a despertar? - dijo con pánico fingido.
- No, idiota. Estaba paseando por la playa.
- ¿A estas horas? ¿Hay algún tío bueno? - sonreí. Rosalie siempre sonseguía hacerme sonreir en mis peores momentos.
- No...a no se que en tu definición de tío bueno entre el primo hermano de Popeye...
- Ugh, no me digas que ya está otra vez el tío ese raro buscando hojalata en la arena...
- Justo – dije riéndome - ¿Qué querías?
- Quería invitarte a desayunar...en realidad es una sorpresa...supongo que te gustará...
- Rose, sinceramente me dan miedo tus sorpresas.
- No, en serio...me gustaría que vinieras. Necesito tu opinión de algo...
- Está bien – suspiré.
Una hora más tarde me encontraba aparcando en la puerta del Hotel Luxor y dirigiéndome a la misma mesa de siempre...para llevarme la desagradable sorpresa de que Rose no estaba sola. Sentado junto a ella se encontraba Emmet, que la miraba como embelesado. Edward y el chico rubio, Jasper, estaban también con ellos.
Se sorprendieron notablemente cuando me vieron. Sus ojos se abrieron mucho y me miraron "discretamente" de arriba abajo. Rose se aclaró la garganta.
- Bueno, chicos...os presento a Bella, mu mejor amiga – ellos se miraron sin saber qué decir y yo estaba en la misma situación. Sabía que esto pasaría en algún momento, pero no pensaba que ocurriría tan pronto.
- Hola, Bella...yo soy Jasper – me dijo el rubio con una radiante sonrisa – Anoche no tuvimos ocasión de presentarnos debidamente.
- Encantada...supongo – carraspeé – Supongo que a partir de ahora nos veremos...mucho...
Me senté no sin reticencia en la silla que quedaba vacía. Agradecí el hecho de sentarme entre Rose y Jasper. Observé atentamente al chico. Aparentemente tenía más o menos nuestra edad y tenía que reconocer que Rose tenía razón; el chico era muy guapo. Rubio, alto y con los ojos tan azules como el cielo. Además, su sonrisa parecía sincera. También parecía haberse dado cuante de que el ambiente estaba más que tenso.
- Así que...- Emmet tosió incómodo – Esta es tu famosa amiga...
- Sí, Emmet – dije mientras el camarero nos tomaba nota – Yo soy la amiga de Rose. Ya ves, Rose – miré a mi amiga - ¿Te ha dicho Emmet que él y sus amigos empiezan hoy en el Forbbiden?
- ¡Si! Es genial, ¿verdad? - dijo Rose mientras botaba en su silla.
- Sí, es chachi – dije de manera irónica haciendo que Jasper se riera – Es genial volver a encontrarse con amigos después de tanto tiempo, ¿verdad, chicos?
Entonces Edward levantó la cabeza. Hasta ese momento estuvo mirando el mantel como si fuera la cosa más fascinante e interesante del mundo. Y me miró a los ojos. Con el tiempo parecía que se habían vueltp más verdes. He de reconocer que estaba incluso mucho más imponente de lo que estaba cuando estaba...enamorada de él. Ambos aguantamos la mirada por unos segundos antes de que él girase levemente la cabeza rompiendo nuestro contacto visual.
- ¿Os conocíais de antes? - preguntó Rosalie mientras removía su café.
- A Edward y a Emmet – señalé.
- Eso es fantástico – Rose parecía ajena a todo y super encantada de la vida. Sólo tenía ojos para Emmet - ¿Érais muy amigos? - Edward se atragantó levemente con su café.
- Oh, sí...emmet gastaba unas bromas muy graciosas, ¿a que sí?
- Graciosisimas – espetó el aludido.
- ¿Bromas? ¿Qué tipo de bromas? - preguntó mi amiga. Pude ver a Jasper negar con la cabeza.
- Sólo espero que no te gaste las bromas tan pesadas que me gastó a mi – dije con rabia.
- Bella...- me llamó Emmet - ¿Podría hablar un momentito contigo? A solas – aclaró.
Sin contestar me levanté y fui hasta el pasillo donde se encontraban los baños. ¿Qué demonios quería ahora? Ya me estaba costando un trinfo aguantarme y mantener la boca cerrada por el bien de Rosalue. Dios, en la joyita en la que se había ido a fijar con la de chicos que había en el mundo...
- ¿Qué quieres? - espeté. Anoche cuando los vi, sufrí un pequeño bajón, pero por nada del mundo dejaría que me volvieran a pisar...y mucho menos ellos.
- ¿Quieres dejar de hacer eso?
- ¿El qué? Yo no he hecho absolutamente nada.
- Escúchame bien...hace mucho tiempo que pasó lo de la...broma. No tienes por qué removerlo ahora después de tanto tiempo. Por nuestra parte está todo olvidado – entonces sentí al ira crecer.
- Me parece perfecto que tu y tu amiguito lo olvidarais...pero no creas que se va a alejar de mi mente...Eso estará conmigo presente siempre...
- Vamos, Bella...eso pasó hace mucho tiempo. Éramos jóvenes e inmaduros. No quiero que estropees lo que pueda surgir entre Rose y yo por un rencor del pasado. Esa chica me gusta realmente y no voy a permitir que tu te interpongas entre nosotros.
- Y yo no voy a permitir que dañes a mi amiga como lo hicisteis conmigo – me giré para irme y dar por concluída la conversación, pero entonces me agarró fuertemente de la muñeca y me giró. Sentí una nueva oleada de ira.
- No voy a hacerla daño – espetó con rabia. Me solté de su mano de un tirón y le encaré.
- No vuelvas a tocarme o te juro por lo más sagrado que no querrás oir el sitio por el que te puedo clavar los doce centímetros de tacón que llevo puestos – susurré haciendo que Emmet me soltara de golpe la muñeca – Ahora óyeme tu a mi. Si veo a Rosalie llorar por tu culpa o le haces la décima parte de lo que me hicisteis a mi, te juro que lo lamentarás, Emmet. Ya no soy la misma de antes, conmigo no se juega.
Salí rápidamente de allí con una rabia y un dolor indescriptibles. ¿Que ellos ya lo habían olvidado? Sí, seguramente después de una semana de risas ininterrumpidas a mi costa el tema fue perdiendo su gracia...Por desgracias yo sigo recordando, día a dia. Lo perdí todo, absolutamente todo.
Me senté en la mesa y medio minuto después lo hizo Emmet. Jasper me miraba con un gesto de comprensión en su cara. ¿Sabría algo de la historia? Me quedaba esa duda, pero lo que sí sabía es que el chico rubio me estaba empezando a caer realmente bien.
Por otro lado estaba Edward. Nos miraba de manera intermitente a mi y a Emmet, como si de un partido de tenis se tratara. Sus ojos verdes se clavaron en los mñio.
- ¿Todo bien? - me preguntó sosteniéndome la mirada.
- De momento – costesté con voz monocorde.
- Eh, ¿sabes? - empezó a decir Jasper – Ahora mismo nos están haciendo la mudanza...creo que seremos vecinos...
- Sí, eso me han dicho – murmuré.
- A mi me encanta la idea, chicos – dijo Rose entusiasmada – Podemos quedar para cenar y para ver unas pelis de vez en cuando...
- A mi me encantaría – dijo Emmet sonriéndola.
- ¿Tú que dices, Bella? - me preguntó mi amiga.
- Claro – dije mareando literalmente mi café – Chupi party – murmuré haciendo que Jasper volviera a reirse.
- Bueno – dijo Edward – Creo...creo que deberíamos de ir a ver cómo van los de la mudanza – me miró e hizo un amago de sonrisa, aunque más bien le salió una mueca extraña. Yo le ignoré deliberadamente.
- Sí, no vaya a ser que se carguen la televisión de plasma. A Emmet le daría algo si no pudiera ver a los Lakers en cuarenta y dos pulagas – bromeó Jasper.
- ¿Eres de los Lakers? - chilló Rose - ¡A mi me encantan! Qué casualidad...- no pude evitar rodar los ojos.
- Bueno, Bella. Esta noche nos vemos – se despidió Jasper. Los otros dos se limitaron a sacudir la cabeza a modo de saludo.
Cuando los chicos se fueron miré a Rose. Tenía en su cara una sonrisa de felicidad que jamás la había visto.
- ¿Qué te parece? Bueno, no me digas nada...¡si ya os conociais! Dime algo – dijo mientras botaba en su silla de nuevo.
¿Y ahora qué se supone que tenía que decirla yo? ¿El chico que te gusta es un cabrón redomado? Viendo su cara de felicidad no podía hacerle eso. Aunque me encontraba en un serio dilema. ¿Cómo podía dejar que mi mejor amiga empezara algo con un patán como era Emmet? Y siendo egoísta, ¿cómo iba a aguantar tener a esos dos elementos hasta en la sopa? Definitivamente dejaría que las cosas siguieran su curso. Por el momento no le diría nada a Rose, pero por el bien de Emmet esperaba que no le hiciera nada a mi amiga; si no se las vería conmigo.
- Bueno...hace mucho que no nos veíamos...Además tampoco éramos muy amigos cuando vivíamos en Forks...Si te gusta, adelante.
- ¡Hi! ¿Que si me gusta? Está tremendo...y esos oyuelos que se le forman cuando me sonríe...creo que cupido ha dado de lleno – dijo llevándose teatralmente las manos al corazón – Bueno, ahora te toca a ti, ¿te ha gustado alguno de los amigos de Emmet? - puse todo mi empeño por no atragantarme.
- Jasper es muy simpático – dije eludiendo la pregunta
- Sí, es muy agradable...y está bueno...Pero Edward tiene unos ojazos, los más verdes que recuerde haber visto.
Rose había dado justo en el clavo. A parte del gran atractivo natural que poseía Edward, fueron sus ojos lo que hicieron que terminara de enamorarme de él. Era el conjunto de su pálida piel y su eplo castaño con esos extraños reflejos cobrizos y...por supuesto, esas dos esmeraldas verdes...Todas las chicas estaban locas por él en el instituto y yo no fui menos.
El resto de la velada la pasé un poco ausente, apenas era consciente de lo que em estaba contando mi amiga. Tras un par de horas más de un monólogo por su parte en el que el protagonista indiscutible era Emmet, me despedí de Rose y me fui a casa a intentar descansar para estar fresca para la noche.
De nuevo estaba paseando por un pasillo. En él había una hilera de casilleros...era el pasillo central del instituto, de mi instituto. Agradecía que nadie más hubiera en él; así no podrían insultarme. Saqué los libros de mi casillero para mi próxima clase y cuando me giré, me topé con algo haciendo que todos mis libros y cuadernos cayeran al suelo. Cerré los ojos fuertemente esperanso a que alguien se riera de mi y me llamara torpe. Pero el insulto nunca llegó. En vez de eso si cómo dos pálidas manos recogían con cuidado todas mis cosas y me los entregaba. Al levantar la vista ahogñe un grito. Era Edward Cullen...y me estaba sonriendo. A mi.
- Ten más cuidado – dijo con una dulce sonrisa – Podrías haberte hecho daño...
- Gra...gra...gracias – balbuceé quedando horrorosamente mal delante del protagonista de mis sueños.
- Isabella...he pensado que tu y yo...podemos hacer juntos el trabajo de biología...¿Te gustaría hacerlo conmigo? - dijo con una sugerente sonrisa. Yo le miraba embelesada. Me estaba hablando a mi. Edward Cullen.
- Me encantaría.
Entonces un montón de gente de arremolinó a nuestro alrededor. Movían sus labios pero nopodía escuchar lo que decían. Parecían enfadados y me gritaban directamente a mi. Poco a poco empecé a escuchar las voces...puta, zorra, guarra, gorda...todos me gritaba a la vez fundiendo unos insultos con otros. Me giré en busca de Edward, pero ya no estaba...había desaparecido. En su lugar se encontraba mi padre con cara furiosa y apenada.
- Fuera de mi casa. Yo ya no tengo hija...
Me tapé los oídos con las manos y me hice un ovillo en el suelo intentado en vano no escucharlos, pero era imposible. Esas horribles voces, incluída la de mi padre, se colaban por mis oídos. Sólo pude llorar, llorar, llorar...
Cuando al fin me desperté fui consciente de que estaba llorando de verdad. Esta no era la primera vez que tenía pesadillas como esta, aunque esta vez estaban provocadas por otros motivos...Me levanté de la cama decidida a no dejar que me vieran débil. No me pisotearían más. No dejaría que me humillasen ni les dejaría ver mi lado débil. Ahora me tocaba ser fuerte, por mi y por todo lo que perdí...
EN EL PRÓXIMO CAPITULO
- Y el momento de más auge en el local es cuando Bella sale vestida y maquillada como una verdadera pin up y...poco a poco se desnuda...¡Es increíble! Hasta las chicas la aplauden...simplemente es arrebatadora – comentó Rose sonriendo.
- Eh...¿que Bella se...desnuda? - Jasper no pudo reprimir la carcajada que salió de sus labios al verme tartamudear.
- Sí – explicó Rose – Lo hace todas las noches...primero salen las go gos y bailan...luego las luces se apagan, ponen una música sugenrente y...¡ta chán! Un foco ilumina a Bella, cada día en una parte diferente del escenario y poco a poco se va quitando la ropa y...
No hay comentarios:
Publicar un comentario