18/6/12

CAPITULO 18 CRUCE DE CAMINOS

CAPITULO 18 CRUCE DE CAMINOS

Eran las nueve de la mañana cuando Emmet me convenció para marcharme a desayunar algo. No había comido casi nada el día anterior y la falta de alimentos ya me estaba pasando factura, al igual que el cansancio mental que llevaba a cuestas. Estuve pendiente toda la noche de Bella, esperando cualquier gesto de dolor o reacción, pero nada. Durmió durante el resto de la noche como un bebé...y aproveché a mirarla durante todo ese rato.
Después de esa noche, después de ese mal rato que había pasado viendo a Bella inconsciente, supe que iba a hacer todo lo posible por estar a su lado. No sabía como lo iba a hacer, pero me había autoimpuesto una meta, y esa era conseguir el perdón de Bella.
Cuando llegué de la cafetería me sorprendí al ver a Emmet en el pasillo.
- ¿Qué ha pasado? ¿Se encuentra mal? - hice amago de entrar, pero mi amigo me lo impidió.
- Cálmate un poco, ¿quieres? Simplemente se ha despertado, el médico la está echando un vistazo...- me apoyé contra la pared.
- ¿Cómo está?
- Bien, un poco confundida al verme...pero bien – Emmet me miró intencionadamente – He hablado con ella...
- ¿Qué demonios la has dicho?
- Le he pedido perdón – abrí los ojos – Creo que de los dos yo soy más capullo que tu...- se encogió de hombros – Espero que algún día te perdone, Edward...
Y yo también lo deseaba, el perdón de Bella estaba en mi lista de deseos imposibles...El médico salió y le dio indicaciones a la enfermera. Luego se dirigió a nosotros.
- Isabella está mejor, su tensión se ha estabilizado y la herida no está nada mal...aunque tendrá que curarse en casa los próximos días hasta que le quitemos los puntos. Podeis pasar a verla, pero dentro de un rato vendrá el inspector a tomarla declaración...
- ¿Es necesario que lo haga ahora? Apenas acaba de despertar y...
- Cuanto antes declare mejor, así el atracador se le podrá llevar ante el juez - el médico se despidió de nosotros. Emmet me miró pacientemente.
- ¿Quieres pasar de una puta vez? - espetó.
- Tengo miedo, se que no le va a hacer gracia verme...
- Mira, si a mi no me ha tirado la botella del suero a la cabeza dudo mucho que lo haga contigo...anda, pasa...
Entré en la habitación y caminé despacio hasta la cama del fondo. Bella estaba girada hacia la ventana, con los tenues rayos del sol iluminando su cara y sus ojos cerrados. Tan delicada y tan fuerte a la vez...me acerqué lo suficiente para poder oler el aroma de su pelo...me di cuenta de que estaba demasiado cerca de ella cuando abrió los ojos. De repente me encontré con su mirada marrón a escasos centímetros de mi cara; no parecía sorprendida de verme allí...ni tampoco parecía que fuera a ahogarme con el cable de la vía.
- Lo siento – susurré – Pensé que estabas despierta...no era mi intencuón molestarte...
- No me has despertado...en cuanto has entrado por la puerta he sabido que eras tu – murmuró.
- ¿Cómo lo has sabido? - me senté en el sillón y me incliné hacia la cama.
- Por tu olor...podría reconocer tu olor a distancia...
- ¿Te encuentras bien? - pregunté extrañado de que aún no me hubiera contestado mal. ¿Se habría golpeado también la cabeza? Al parecer sus ansias asesinas contra mi habían desaparecido...al menos por el momento...
- Sí, todo lo bien que puedo estar con todos estos puntos en mi cuerpo. De momento no me duele mucho, veremos a ver cuando me quiten los calmantes – se removió inquieta en la cama.
- ¿Me dejas ayudarte? - pareció pensarselo y asintió. Dejó que le colocara las almohadas - ¿Sabes? Casi dejas inutil al hijo de puta ese – hizo una mueca que pretendía ser una sonrisa.
- Le he dado fuerte, ¿eh? El gilipollas me pidió el bolso...llevaba la recaudación de dos días - silbé – Sí, mucho dinero...Le di el bolso, pero no llevaba el dinero ahí.
- ¿Dónde lo llevabas? - dije entusiasmado por poder hablar tranquilamente con Bella aunque fuera sobre este tema.
- En las tetas – la miré con los ojos muy abiertos y me eché a reir con ganas...pero por su mirada comprendí que era cierto – A ver quien tiene cojones de tocarme las tetas sin mi permiso. Tenías que haberle visto la cara al enfermero al rasgarme el vestido y encontrarse con semejante fajo de billetes en mi canalillo – volví a reir.
- Nos...nos has dado un susto de muerte. Los chicos han estado hasta bien tarde ahí fuera, Jacob y unos pocos más siguen aquí.
- Gracias – murmuró. El gesto de semi broma había desaparecido de su cara y tenía el ceño fruncido.
- ¿Estás bien? ¿Te duele algo?
- No, no, no...supongo que quiero darte las gracias...por traerme al hospital...No estaba despierta, pero te oía, ¿sabes? - parpadeé perplejo y algo avergonzado al recordar todo lo que le dije anoche pensando que estaba dormida – Pensé que estaba soñando cuando escuché tus gritos y tus palabras de consuelo...notaba tu manos presionando mi herida – apretó la mandíbula – Emmet me dijo que estuviste aquí todo el tiempo...gracias...
- No me las merezco, Bella...
Ambos nos quedamos sin saber qué más decir. Estaba abrumado. Por primera vez en muchisimo tiempo me quedé sin palabras, indefenso ante la primera persona por la que tenía sentimientos limpios y sinceros...hasta que tuvieron que joderme mi momento de revelación. La puerta se abrió y un hombre trajeado se metió en la habitación.
- Buenos días, soy el teniente Riley Thompson – le enseñó la acreditación y le tendió la mano - ¿Cómo se encuentra, señorita Swan?
- Mejor...
- Perfecto porque la tengo que hacer unas preguntas...
- ¿De verdad que tiene que ser ahora? - pregunté preocupado.
- Es mejor hacerlo ahora. Si no le importa, tengo que hablar a solas con la señorita.
- Está bien – miré a Bella – Eh...estaremos fuera esperándote, ¿de acuerdo?
OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO
Observé en silencio como Edward se marchaba con desgana de mi habitación. Me sentía rara, extraña...después de la declaración de Emmet por algunos instantes el ataque de esta noche había pasado a un segundo plano. Si por algunos momentos había dudado de la veracidad de las palabras de Emmet...al ver la cara de Edward se me habían disipado todas mis dudas. Antes me sentía confundida pero ahora...en momento críticos es donde se ve la verdadera personalidad y los verdaderos sentimientos de las personas, y Edward me había sorprendido para bien, al menos por ahora.
Miré a teniente Thompson. No me sentía mal del todo, pero tampoco me apetecía enfrentarme ahora a una declaración. Lo que más me apetecía era llegar a casa y meterme entre las sábanas de mi cama y descansar...pero esto era inevitable. El inspector de policía se encontraba al lado de mi cama y me miraba expectante. Era un hombre alto y de unos cuarenta y tantos años embutido en un traje de color oscuro. Dios, no sabía si era la medicación, pero en ese momento me recordó al malo de Matrix...sólo le faltaban las gafas y el pinganillo en la oreja.
- Usted dirá – dije al fin.
- Muy bien...quiero que me relate como ocurrieron los hechos – dijo mientras sacaba un bloc del bolsillo y un lapiz.
- Salí del trabajo un poco antes de lo normal; no me encontraba muy bien, además, a la mañana siguiente tenía que madrugar para ir al banco a ingresar el dinero de la recaudación.
- ¿Llevabas el dinero encima?
- Sí, en el escote – murmuré.
- Un lugar seguro de todas y por todas, si señor – dijo con gracia.
- Sí, supongo...Cuando llegué a mi coche, en un callejón próximo al Forbidden, me percaté de que no estaba sola. Al girarme vi a ese tipo con una careta blanca y una navaja en la mano. Intenté despistarle, forcejeamos hasta que me hice esto – señalé mi costado – y aproveché a que Emmet, uno de los vigilantes de la discoteca, interviniera. Entonces cogí lo primero que pillé y le di un taconazo al hijo de p...
- Está bien – me cortó antes de que terminara mi insulto - ¿Te dijo algo?
- Sí, me dijo que yo tenía algo que él quería y que no le importaría cobrarse en carne lo demás...
- ¿Le dijiste a alguien que ibas a llevar todo ese dinero encima?
- Sí...se lo dije a Tanya, una de las camareras...
- Muy bien, las pruebas nos llevan a pensar que fue un acto premeditado – abrí mucho los ojos.
- ¿Piensan que me estaban esperando a mi exclusicamente?
- Sí...ese callejón apenas es transitado...y las palabras de su atacante..."tienes algo que yo quiero...". Lo investigaremos todo, señorita Swan. El caso es que de momento Demetri Denali pasará a disposición del juez en cuanto salga de aquí y...
- Espere, espere...- le corté - ¿Ha dicho que ese tipo se apellida Denali?
- Sí...¿por qué?
- Porque creo que tiene relación con Tanya – el policía me miró sin entender – La camarera de la que le he hablado se apellida Denali...
El inspector apuntó todo en el bloc y dijo que enviaría a dos agentes de policía a buscar a Tanya. En cuanto se marchó por la puerta me hundí de nuevo en mi cama. Aún no me podía creer que Tanya pudiera estar implicada en el robo frustrado de esta noche. Sení la impotencia y la rabia crecer en mi interior. Si la hoja de la navaja se hubiera desviado unos centímetros ahora podría estar muerta. ¿Qué pasa? ¿Tanto me odiaba? ¿Esto había sido una especie de venganza o algo así?
Animé al reloj a que los minutos pasaran antes, tenía unas ganas inmesas de llegar a mi casa. ¿Cuánto tiempo iba a tardar en acabarse el líquido de la bolsita? En cuanto me quitaran los calmantes podría irme; no veía la hora de largarme de aquí. Los hospitales no me gustaban nada, me hacían recordar aquellos fatídicos días después de mi aborto.
Cerré los ojos ojos y me di el gusto de dejar a mi mente divagar un poquito. ¿Por qué Edward se había sentido tan angustiado por mi estado de salud? No podía ser fingido, no tenía sentido fingir todo aquellas palabras si yo supuestamente estaba insconsciente como para oirle. Joder, me sentía confusa, demasiado...cada idea que asaltaba mi mente hacía que mi cabeza se enredara aún más. Lo peor de todo es que estaba llegando a la conclusión de que no era totalmente inmune a Edward como había pensado. Por un lado me gustaría verle retorciéndose de dolor como yo lo hice una vez por su culpa. Me gustaría verle deshecho, destrozado, me gustaría patearle sacando a relucir mi lado más malvado, pero por otro lado sentía que no podía seguir odiándole. ¿Lo habría odiado de haber seguido adelante mi embarazo? No, seguro que no. A veces sentía que no tenía sentido seguir alimentando ese odio contra él...pero no podía evitarlo. Ahora mismo estaba en un intenso cruce de sentimientos y no sabía qué camino elegir...Definitivamente el más fácil para mi era dejar las cosas tal y como estaban, manteniendo las distancias...aunque mi corazón pudiera pensar lo contrario...
La puerta se abrió de golpe para encontrarme con una Alice super histérica seguida por muchos de mis compañeros del Forbidden. La última en entrar fue una enfermera con cara de agobio.
- Chicos...un poquito de civismo, que estamos en un hospital – les regañó.
- Prometemos no hacer mucho ruido – dijo Alice como una niña buena.
- Está bien – la mujer suspiró mientras me quitaba la vía – Tendrás que curarte la herida con lo que te ha recetado el doctor. En una semana vendrás a que te miremos los puntos, si estás bien te los quitaremos, ¿vale?
- Muy bien.
- Nosotros nos encargaremos de que así lo haga – dijo Rose.
- Tampoco es para tanto – murmuré intentando quitar gravedad al asunto mientras la enfermera me ponía un apósito en el brazo.
- No te tomes a la lugera el corte, señorita – me reprendió la mujer – Te han dado más de diez puntos y aunque ahora no notes el dolor...te dolerá.
- Gracias por los ánimos – mirmuré. Los chicos se rieron aunque a mi no me hizo ni puta gracia.
- Aquí tienes el alta – me tendió un papel – En cuanto te vistas te podrás marchar.
- ¡Qué susto nos has dado! - dijo Quil en cuanto se cerró la puerta.
- Sí, el pobre se quedó blanco y mira lo moreno que es – bromeó Emmet.
- Ya estoy bien – dije mientras me sentaba en el borde de la cama – Gracias por procuparte.
- No hay de qué – me dijo Quil – en serio, me asusté mucho al verte tirada en el suelo...aunque el que peor lo ha pasado sin duda es Edward – dijo mirando sorprendido al aludido que en esos momentos le lanzó una mirada envenenada.
- Sí – siguió Alec – No quería ni ir al baño para lavarse, pobre...
- Sois unos hijos de pu...
- Vale, vale – Alice cortó a Edward – Ahora mismo todos los machotes fuera de aquí, vamos a vestir a Bella para que pueda irse a casa.
- No vamos a ver nada que no hayamos visto ya – bromeó Jake que se ganó una mirada de tigre por parte de Edward y un codazo en el estómago de parte de Nessie – Vale, joder...ya nos vamos...
Todos salieron refunfuñando de la habitación. De verdad agradecía la visita y la preocupación de los chicos, pero lo que más necesitaba era salir de este cuarto y del hospital. Ya tendríamos tiempo para vernos fuera. Rosalie y Alice se quedaron conmigo.
- Te he traído ropa de mi nueva colección para que te cambies – miré extrañada a Alice - ¿Qué? También diseño ropa de sport.
Entre las dos me ayudaron a quitarme la bonita bata del hospital, note se el sarcasmo, y me pusieron con cuidado la ropa de Alice. No podía verme la herida ya que la tenía tapada, pero parecía enorme. Tenía las rodillas magulladas por la caída y es posterior forcejeo.
- Hijo de puta, mal nacido - murmuraba Rose mientras me vestía intentando no quitar el apósito de mi herida – Cabrón, ojalá se pudra en la cárcel y...
- Rose, cálmate...no es nada, en serio...
- Joder, es que parece que te pasa de todo. Aún no me puedo creer lo que te pasó hace tiempo – suspiró – y ahora esto.
- Aquello ya pasó. No puedo hacer nada aunque eso no evita que no me duela. Chicas...- ambas me miraron – Creo que Tanya ha tenido algo que ver en todo esto.
- ¿Quién? - preguntó Alice.
- La rubia gilipollas y llena de silicona – le explicó Rose - ¿Por qué dices eso? - me preguntó frunciendo el ceño.
- Porque el tipo que me ha hecho esto se llama Demetri Denali...se apellida igual que Tanya. Además, ella era la única que sabía que llevaba todo el dinero encima...creen que ha sido premeditado.
- No me jodas...en cuanto vea a la perra esa va a desear no haber nacido – espetó Rose.
- Schhh, no merece la pena...ya se lo he dicho a la policía. Van a investigar a ver si tienen relación porque el apellido Denali por aquí no es muy frecuente.
- Dejemos ese tema en manos de la policía – dijo Alice – llevemos a Bella a casa, necesita descansar.
Entre las dos terminaron de vestirme y me ayudaron a salir hasta la sala de espera donde estaba el resto de los chicos. Todos se acercaron a saludarme y a comprobar que estaba entera.
- Estoy bien, chicos...no es nada – dije para calmarlos – Sólo es una herida de guerra.
- Han sido más de diez puntos entre costilla y costilla – murmuró Edward – sí es para tanto, ahora mismo te llevamos a casa...
Se acercó a mi para ayudarme, pero me aparté de él. Me miró confundido, aún así volvió a acercarse a mi. Yo me volví a separar. Era lo mejor...esto es lo mejor que puedes hacer para no sufrir más...
- Sólo quiero ayudarte...
- Pero yo no quiero tu ayuda, no...no me toques, por favor...
Uyyy, Bella está confundida...

EN EL PRÓXIMO CAPITULO
- En serio, Edward...¿Qué haces aquí? Puedo entender que Alec se quede conmigo...pero, ¿y tu? - se sentó en el sofá a mi lado, demasiado cerca para mi bien.
- ¿No puedes entender que estoy preocupado por ti, Bella? - se pasó la mano por el pelo.
- No debes preocuparte por mi – dije mientras me tragaba mis pastillas.
- Pues lo hago y es lo que hay. Si no te gusta lo siento...

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