CAPITULO 13 OLVÍDAME DESPUÉS DE ESTO
Le gran día de la fiesta llegó y lo agradecí enormemente; necesitaba tener la mente ocupada en la fiesta de Alice ya que hoy era el terrible aniversario...un día como hoy, hace cinco años, perdí a mi bebé. Resulta increíble que incluso antes de nacer ya quisiera y amara a esa personita. Apenas me había dado tiempo a sentirle un par de veces en mi interior y ya se había convertido en mi mundo, en mi todo. Creé una dependencia irrefrenable hacia esa personita...cuando mi bebé no superó aquella noche una parte de mi vida se fue con él e irremediablemente jamás la recuperaría. Y luego la presencia de Edward...no ayudaba en nada a mi estado de ánimo. ¿Qué coño le pasaba? ¿Por qué tenía que venir a pedirme perdón justo ahora? Lo mejor era dejar las cosas como estaban, él con su arrepentimiento guardado y yo con mi odio y mi sufrimiento; casi me había acostumbrado a vivir con esos sentimientos.
Pasé todo el santo día enfrascada en llamadas de última hora, a los proveedores, a Alice, a los del catering para confirmar la hora...Estaba liadísima y eso era bueno para no poder ocupar mi mente con pensamientos oscuros. De todos modos me encantaba lo que estaba haciendo y, estaba feo que yo lo dijera, pero había organizado una fiesta de la hostia.
Tres horas antes de la fiesta aparecieron Rose y Alice en mi casa para ayudarme a arreglarme. Habían estado toda la mañana de compras de última hora y pude comprobar que se habían hecho amigas inseparables, compartiendo confidencias y trucos de moda. Genial, así se podría repartir un poco el tremendo ritmo que llevaba Rose.
Alice me trajo un vestido negro ajustado y muy por encima de la rodilla con incrustaciones de cristales Swarovski con zapatos y bolso a juego, obviamente de su colección. El vestido era precioso y se adaptaba a mi cuerpo genial. Las chicas me ayudaron a alisarme el pelo y me maquillé mientras ellas terminaban de arreglarse.
Las chicas y yo nos fuimos en mi coche...increíble...al llegar ya había cola para entrar. Todos esperaban ansiosos la apertura de puertas; había una gran cantidad de invitados conocidos y de prensa local para hacerse cargo de cubrir el evento. Todo apuntaba a que la fiesta iba a ser un total bombazo. Dentro del Forbidden los chicos estaban de los nervios. Alice repasó todos y cada uno de los maniquíes expuestos con sus creaciones para que todo estuviera perfecto. Por las paredes del local, y debidamente iluminados, había cuadros con las fotos de la sesión con James del otro día. He de decir que las fotos habían quedado totalmente pecaminosas...
Fui hasta la sala de los empleados y pude ver que Alec ya había llegado, al igual que los tres mosqueteros. Pude ver las chispas que saltaban entre Edward y Alec...
- Hola, belleza – dijo Alec mientras me besaba la mano - ¿Cómo estás? - me susurró.
- Bueno...ahí lo llevo – intenté sonreir – No se nada de James – no pude llegar a oir lo que murmuró Edward entre dientes - ¿Va a venir? ¿Alguien sabe algo?
- Me ha mandado un mensaje – dijo Alice mientras bajaba las escaleras – Dice que le han contratado para dos desfiles más en la semana de la moda de Nueva York...así que no puede venir...
- Que pena – murmuró Edward. Le miré de reojo...
- Pero me ha dicho que te mande muchos besos – Alice me guiñó un ojo – Por cierto...¿no nos presentas? - preguntó mirando directamente a Jasper.
- Por supuesto...Jasper, esta es Alice...la diseñadora y protagonista de la fiesta.
- Jasper...Bien, creo...creo que llevo mucho tiempo esperando un chico como tu – susurró mirándole embobada.
- ¿Sí? - sonrió – Pues siento mucho haberte hecho esperar tanto, señorita...
- Siento interrumpir este emotivo momento, chicos – dijo Jacob – Ya es la hora, Bella. Esperamos tu orden para abrir las puertas.
- Cuando querais, está todo listo – Jacob asintió y se marchó escaleras arriba – Todos a vuestros sitios.
Y dicho y hecho. La fiesta fue espectacular; Alice salió con varias propuestas de varias boutiques para vender sus creaciones bajo el brazo...y yo con un un intento de oferta de trabajo como modelo y con la sensación de haber hecho algo jodidamente bien, a parte de evadirme de mis recuerdos más tristes...aunque en eso había fracasado ligeramente.
El hecho de que Edward no me quitara ojo en toda la noche y que me mirara de un modo que no me había mirado nunca no ayudaba mucho. Desde el otro día, desde que me vio con James en el despacho, sentía que su mirada me traspasaba, que buscaba en lo más profundo de mi mente...Por eso, en cuanto la gente empezó a marcharse, me fui al despacho para respirar con tranquilidad y para despejarme un poco...aunque el relax no duró mucho tiempo ya que alguien llamó a mi puerta.
- ¿Puedo...puedo pasar? - preguntó Edward asomando la cabeza. Genial, el epicentro de mis males en mi santuario de relajación.
- ¿Qué quieres? - espeté.
- Perdona...solo quiero...solo quiero saber si estás bien – levante una ceja por la pregunta – Has estado toda la noche con una sonrisa en la cara que no te creías ni tu, ¿te encuentras bien?
- Todo lo bien que puedo estar.
- ¿Es porque no ha venido el modelo rubio a la fiesta? - le miré con los ojos entrecerrados.
- ¿Qué pretendes al preguntarme eso, Edward? - bajó la mirada mientras suspiraba.
- Lo siento...de verdad. Siento mucho haberte visto el otro día con James aquí – señaló la mesa – Se que me comporté como un cabrón y como un hijo de puta contigo, ante eso no tengo excusa...se que no tengo el derecho a rogarte, pero quiero que me perdones, de corazón Bella...¿me perdonas?
- Yo no soy quien para perdonarte, Edward – dije con tristeza.
- Se que hay algo muy malo que crea este abismo entre nosotros y lo siento, Bella. La conciencia y el remordimiento me están matando...necesito oir de tus labios que me perdonas, necesito oirtelo decir...porque si no...no se que voy a hacer – dijo angustiado.
- ¿Qué quieres de mi, Edward? ¿Si me hubieras encontrado como antes, gorda y fea, me habrías suplicado el perdón? - su cabeza se agachó tanto que casi temí que se diera contra el suelo...casi.
- Supongo que te habría perdido perdón de igual manera...No soy el mismo capullo de antes, ¿sabes? Yo también he cambiado...- miré sus ojos verdes, parecían sinceros – Mis sentimientos han cambiado.
- Me alegro – espeté.
- Joder, Bella...de verdad, estoy poniendo de mi parte para que esta...relación que tenemos sea lo mejor posible – se acercó a mi peligrosamente, demasiado para mi propia salud mental – Cada vez que te veo, cada vez que me miras con ese odio irrefrenable se me parte el alma...
- Ya somos dos – murmuré – La diferencia es que mi alma se partió hace tiempo.
- Perdóname...por favor – me miró los labios – No puedo soportar esto – susurró – Necesito estar cerca de ti...tanto como el aire que respiro...
Entonces lo comprendí. Era eso lo que quería de mi, ¿no? Mi cuerpo, mi persona tal y como estaba ahora...Bien...lo peor de todo es que estaba dispuesta a ofrecerselo a cambio de que me dejara, a cambio de que dejara de mirarme de esa manera, a cambio de que no me pidiera más perdón...a cambio de que se olvidara de mi y dejara de confundirme de esta manera. Era eso, yo misma estaba confundida, ni yo misma sabía lo que quería...sólo tenía clara una cosa, quería que dejara de recordarme con su presencia que alguna vez llevé a su hijo en mi interior...
- ¿Qué quieres de mi? - volví a susurrar a escasos centímetros de su cara y de su boca.
- ¿De verdad me estás preguntando esto, Bella? - asentí – Quiero todo lo que quieras ofrecerme – susurró.
Me acerqué a él y le puse la mano en el lado izquierdo del pecho; su corazón latía alborotado y sus ojos me miraban con las pupilas totalmente dilatadas. En ese instante me sentí poderosa. Me pegué totalmente a su cuerpo y oí como tragaba duramente. Por primera vez en mi vida vi a Edward Cullen contrariado y confundido. Aunque la confusión le duró más bien poco, ya que colocó sus manos en mi cintura y me atrajo más hacia él.
- No me puedo creer que esto esté pasando – susurró antes de acercarse a mi boca.
OoOoOoOoOoOoOoOoOoO
Y era el serio. No podía creer que Bella no me apartase de su lado, menos me creía que fuera a dejarme que la besara.
Había estado mirándola durante toda la noche; estaba espectacular con ese vestido negro y su pelo liso hasta la cintura, pero su gesto siempr etuvo un ligero deje de tristeza. Desde que llegamos, desde que volví a ver a Bella la ví así, con ese halo de nostalgia a su alrededor. Así que, aun sabiendo que corría el peligro de que me mandara a tomar por culo, fui hasta su despacho. Y ahora me encontraba aquí, con ella, como tantas veces había deseado. Esta vez no era el cabrón de James el que estaba a solas con ella, era yo y solo yo.
Observé con detenimiento esos labios carnosos, jugosos y sensuales. ¿Eran así cuando estuve con ella? ¿Cuando jugué con ella? Me pateé mentalmente al ser consciente de que apenas la miré detenidamente por aquella maldita época. Poco a poco me acerqué a su boca temeroso de que me rechazara a última hora, así que la besé despacio. Sus besos eran tan dulces y sueves como prometían desde fuera, aunque fruncí el ceño cuando no me dejó profundizar el beso.
- ¿Qué quieres de mi? - volvió a preguntar.
¿Que qué quería de ella? Todo, como la había dicho minutos antes, quería todo lo que ella quisiera ofrecerme. Aunque, siendo sincero, en estos momentos lo que más deseaba de ella era su cuerpo y sus besos. Mi propio cuerpo ardía por estar con ella, así que decidí ser directo.
- Quiero esto – le toqué el suave nacimiento de los pechos – Y esto – le acaricié la cintura con dulzura – Y quiero esto – le toqué los labios – Quiero tu boca sobre mi cuerpo – cerró aquellos ojos preciosos durante unos segundos.
- Creo que eso puedo dártelo...
Se acercó a mi y me besó, esta vez en serio. Me besó con fuerza, casi con fiereza. Nuestras lenguas pronto se encontraron en una dulce lucha haciendo que mi cuerpo reaccionara en todo su esplendor; estaba duro como una piedra, excitado hasta la médula. Sus manos se perdieron por el interior de mi camisa enviando descargas eléctricas allá donde acariciaba. Muy despacio me desabrochó la camisa mientras yo la miraba absorto. Sí, estaba aquí con ella, me estaba desnudando...iba a estar con Bella. Cuando retiró por completo la prenda de mi cuerpo la tiró haciendo que se perdiera en algún sitio del despacho. Observó mi torso hasta llegar a mis ojos y entornó los ojos; una mirada totalmente explosiva y sexual. Saqué mi cartera del bolsillo trasero del pantalón y saqué un preservativo; gracias a Dios que era un hombre precavido. Miré sorprendido cómo Bella daba un manotazo a las pocas hojas que había en el escritorio haciendo que se desperdigaran por el suelo.
- Sube a la mesa – susurró.
Mi cuerpo sufrió otra sacudida interna al escuchar esas palabras susurradas por esos narcoticos labios, así que le hice caso y me tumbé sobre la mesa. Mi cuerpo y mi mente estaba en tensión, a la expectativa. Mi pecho subía bajaba rápidamente debido a la excitación del momento...y contuve la respiración cuando Bella se bajó ella misma la cremallera del vestido que me había llevado loco durante toda la noche. Solté todo el aire de mis pulmones de golpe cuando comprobé que debajo del vestido sólo llevaba unas pequeñas braguitas trasparentes negras.
- Dios mío – susurré.
Era la mujer más caliente que jamás había tenido entre mis brazos. Sus pechos eran perfectos, esas suaves montañas con sus pezones sonrosados y duros debido a la excitación. Su estómago ahora era plano y estilizado y estaba decorado por un jodido y caliente piercing azul. Se puso encima de mi y suspiré como un idiota cuando sentí sus sedosas y suaves manos por mi torso. Me estaba volviendo loco y si no me deshacía pronto de mis vaqueros tendría un grave problema de presión. Bella pareció leerme la mente, ya que se dehizo con rapidez de mi cinturón y bajó la cremallera de mis pantalones. Subió por mi cuerpo dejando un rastro de húmedos besos hasta llegar a mi oído.
- ¿Qué quieres de mi, Edward? - volvió a repetir.
- Dios...Bella...quiero esto – le toqué la entrepierna por encima de su ropa interior – Quiero esto...
Volvió a besarme con la misma intensidad que antes haciendo que el poco aire que me quedara se extinguiera. Después noté como bajaba mis pantalones a la vez que mis boxers. Mi miembro erguido e hinchado hasta casi el dolor salió gustoso de la carcel en la que se encontraba. Bella lo tomó entre sus manos y empezó a masajearlo. Lo hacía bien, tan jodidamente bien que fruncí el ceño al pensar con cuantos hombres había estado durante todo este tiempo. Ese pensamiento me enfureció de veras, así que aparté sus manos de mi pene y me puse el preservativo. La miré a los ojos mientras se mordía el labio, y eso me puso aún más caliente. Así que sin más reparos la arranqué literalmente las braguitas haciendo que jadeara levemente.
Bella comprendió mi urgencia, así que cogió de nuevo mi pene entre sus manos, esta vez para introducírselo ella misma en su interior, hasta el fondo. Ambos jadeamos. Mis manos automáticamente se fueron hasta sus pechos, los besé los acaricié...Dios, esto era el cielo. Su cuerpo cálido abrazaba mi masculinidad de tal forma que sentía como poco a poco me dejaba ir. Y esos pequeños gemidos que se escapaban de su boca no ayudaban mucho.
Su piel era extremadamente suave y su olor...el olor de su excitación me traía loco, porque estaba así por mi. No era Alec, ni James...se trataba de mi. Yo estaba a punto, sentía que no podía más así que apreté su culo contra mi erección y me moví con un ritmo frenético en busca de mi orgasmo, pero yo no me iría sin ella. Busqué en su sexo excitado entre sus pliegues íntimos hasta que di con ese capullo escondido. Lo masajeé con cuidado, casi con devoción, hasta que sentí que sus músculos interiores me apretaban con tal intensidad que no pude evitar correrme salvajemente. Hundí mi rostro en la curvatura de su cuello en un vago intento por calmar mi respiración y mi acelerado corazón. Le acaricié su sedoso pelo y su espalda hasta llegar al final de su espalda; no podía creer que aún estuviera en su interior fuertemente anclado sintiendo los pequeños espasmos de su orgasmo. Levanté la cara de su cuello y cuando fui a besarla ella me apartó por los hombros pegándome de nuevo a la mesa. La miré extrañado, Bella tenía el ceño fruncido y los ojos llorosos. ¿Qué la había pasado? Fui a acariciarla la cara, pero se apartó de inmediato, se separó de mi cuerpo y recogió su vestido del suelo.
- Estoy cansada de esto, Edward. Cierra la puerta al salir, por favor – musitó.
- Espera – dije mientras me subía los pantalones - ¿Estás bien? ¿Te he hecho daño?
- Eso tendrías que habérmelo preguntado hace cinco años – murmuró – Ya te he dado lo que querías...ahora haz el favor de olvidarme de una vez por todas. No puedo ofrecerte nada más...ni quiero...
Cogió su bolso y se fue antes de que pudiera decir una sola palabra. Al parecer la había vuelto a cagar...y de qué manera...
EN EL PRÓXIMO CAPITULO
- ¿Qué? ¿Cómo que que la he hecho? ¿Piensas que he podido ser tan hijo de puta como para hacerla algo sin su consentimiento? ¿En qué cojones estás pensando, Jazz? - dije furioso.
- No pienso en nada, joder. Vienes aquí con cara de enajenado mental, poniendote hasta el culo de alcohol y vas y dices que te has acostado con la tía que más te odia en el mundo...Ahora dime, ¿qué quieres que piense?
- Dios...Me odia...ella...ella me odia – murmuré...
Le gran día de la fiesta llegó y lo agradecí enormemente; necesitaba tener la mente ocupada en la fiesta de Alice ya que hoy era el terrible aniversario...un día como hoy, hace cinco años, perdí a mi bebé. Resulta increíble que incluso antes de nacer ya quisiera y amara a esa personita. Apenas me había dado tiempo a sentirle un par de veces en mi interior y ya se había convertido en mi mundo, en mi todo. Creé una dependencia irrefrenable hacia esa personita...cuando mi bebé no superó aquella noche una parte de mi vida se fue con él e irremediablemente jamás la recuperaría. Y luego la presencia de Edward...no ayudaba en nada a mi estado de ánimo. ¿Qué coño le pasaba? ¿Por qué tenía que venir a pedirme perdón justo ahora? Lo mejor era dejar las cosas como estaban, él con su arrepentimiento guardado y yo con mi odio y mi sufrimiento; casi me había acostumbrado a vivir con esos sentimientos.
Pasé todo el santo día enfrascada en llamadas de última hora, a los proveedores, a Alice, a los del catering para confirmar la hora...Estaba liadísima y eso era bueno para no poder ocupar mi mente con pensamientos oscuros. De todos modos me encantaba lo que estaba haciendo y, estaba feo que yo lo dijera, pero había organizado una fiesta de la hostia.
Tres horas antes de la fiesta aparecieron Rose y Alice en mi casa para ayudarme a arreglarme. Habían estado toda la mañana de compras de última hora y pude comprobar que se habían hecho amigas inseparables, compartiendo confidencias y trucos de moda. Genial, así se podría repartir un poco el tremendo ritmo que llevaba Rose.
Alice me trajo un vestido negro ajustado y muy por encima de la rodilla con incrustaciones de cristales Swarovski con zapatos y bolso a juego, obviamente de su colección. El vestido era precioso y se adaptaba a mi cuerpo genial. Las chicas me ayudaron a alisarme el pelo y me maquillé mientras ellas terminaban de arreglarse.
Las chicas y yo nos fuimos en mi coche...increíble...al llegar ya había cola para entrar. Todos esperaban ansiosos la apertura de puertas; había una gran cantidad de invitados conocidos y de prensa local para hacerse cargo de cubrir el evento. Todo apuntaba a que la fiesta iba a ser un total bombazo. Dentro del Forbidden los chicos estaban de los nervios. Alice repasó todos y cada uno de los maniquíes expuestos con sus creaciones para que todo estuviera perfecto. Por las paredes del local, y debidamente iluminados, había cuadros con las fotos de la sesión con James del otro día. He de decir que las fotos habían quedado totalmente pecaminosas...
Fui hasta la sala de los empleados y pude ver que Alec ya había llegado, al igual que los tres mosqueteros. Pude ver las chispas que saltaban entre Edward y Alec...
- Hola, belleza – dijo Alec mientras me besaba la mano - ¿Cómo estás? - me susurró.
- Bueno...ahí lo llevo – intenté sonreir – No se nada de James – no pude llegar a oir lo que murmuró Edward entre dientes - ¿Va a venir? ¿Alguien sabe algo?
- Me ha mandado un mensaje – dijo Alice mientras bajaba las escaleras – Dice que le han contratado para dos desfiles más en la semana de la moda de Nueva York...así que no puede venir...
- Que pena – murmuró Edward. Le miré de reojo...
- Pero me ha dicho que te mande muchos besos – Alice me guiñó un ojo – Por cierto...¿no nos presentas? - preguntó mirando directamente a Jasper.
- Por supuesto...Jasper, esta es Alice...la diseñadora y protagonista de la fiesta.
- Jasper...Bien, creo...creo que llevo mucho tiempo esperando un chico como tu – susurró mirándole embobada.
- ¿Sí? - sonrió – Pues siento mucho haberte hecho esperar tanto, señorita...
- Siento interrumpir este emotivo momento, chicos – dijo Jacob – Ya es la hora, Bella. Esperamos tu orden para abrir las puertas.
- Cuando querais, está todo listo – Jacob asintió y se marchó escaleras arriba – Todos a vuestros sitios.
Y dicho y hecho. La fiesta fue espectacular; Alice salió con varias propuestas de varias boutiques para vender sus creaciones bajo el brazo...y yo con un un intento de oferta de trabajo como modelo y con la sensación de haber hecho algo jodidamente bien, a parte de evadirme de mis recuerdos más tristes...aunque en eso había fracasado ligeramente.
El hecho de que Edward no me quitara ojo en toda la noche y que me mirara de un modo que no me había mirado nunca no ayudaba mucho. Desde el otro día, desde que me vio con James en el despacho, sentía que su mirada me traspasaba, que buscaba en lo más profundo de mi mente...Por eso, en cuanto la gente empezó a marcharse, me fui al despacho para respirar con tranquilidad y para despejarme un poco...aunque el relax no duró mucho tiempo ya que alguien llamó a mi puerta.
- ¿Puedo...puedo pasar? - preguntó Edward asomando la cabeza. Genial, el epicentro de mis males en mi santuario de relajación.
- ¿Qué quieres? - espeté.
- Perdona...solo quiero...solo quiero saber si estás bien – levante una ceja por la pregunta – Has estado toda la noche con una sonrisa en la cara que no te creías ni tu, ¿te encuentras bien?
- Todo lo bien que puedo estar.
- ¿Es porque no ha venido el modelo rubio a la fiesta? - le miré con los ojos entrecerrados.
- ¿Qué pretendes al preguntarme eso, Edward? - bajó la mirada mientras suspiraba.
- Lo siento...de verdad. Siento mucho haberte visto el otro día con James aquí – señaló la mesa – Se que me comporté como un cabrón y como un hijo de puta contigo, ante eso no tengo excusa...se que no tengo el derecho a rogarte, pero quiero que me perdones, de corazón Bella...¿me perdonas?
- Yo no soy quien para perdonarte, Edward – dije con tristeza.
- Se que hay algo muy malo que crea este abismo entre nosotros y lo siento, Bella. La conciencia y el remordimiento me están matando...necesito oir de tus labios que me perdonas, necesito oirtelo decir...porque si no...no se que voy a hacer – dijo angustiado.
- ¿Qué quieres de mi, Edward? ¿Si me hubieras encontrado como antes, gorda y fea, me habrías suplicado el perdón? - su cabeza se agachó tanto que casi temí que se diera contra el suelo...casi.
- Supongo que te habría perdido perdón de igual manera...No soy el mismo capullo de antes, ¿sabes? Yo también he cambiado...- miré sus ojos verdes, parecían sinceros – Mis sentimientos han cambiado.
- Me alegro – espeté.
- Joder, Bella...de verdad, estoy poniendo de mi parte para que esta...relación que tenemos sea lo mejor posible – se acercó a mi peligrosamente, demasiado para mi propia salud mental – Cada vez que te veo, cada vez que me miras con ese odio irrefrenable se me parte el alma...
- Ya somos dos – murmuré – La diferencia es que mi alma se partió hace tiempo.
- Perdóname...por favor – me miró los labios – No puedo soportar esto – susurró – Necesito estar cerca de ti...tanto como el aire que respiro...
Entonces lo comprendí. Era eso lo que quería de mi, ¿no? Mi cuerpo, mi persona tal y como estaba ahora...Bien...lo peor de todo es que estaba dispuesta a ofrecerselo a cambio de que me dejara, a cambio de que dejara de mirarme de esa manera, a cambio de que no me pidiera más perdón...a cambio de que se olvidara de mi y dejara de confundirme de esta manera. Era eso, yo misma estaba confundida, ni yo misma sabía lo que quería...sólo tenía clara una cosa, quería que dejara de recordarme con su presencia que alguna vez llevé a su hijo en mi interior...
- ¿Qué quieres de mi? - volví a susurrar a escasos centímetros de su cara y de su boca.
- ¿De verdad me estás preguntando esto, Bella? - asentí – Quiero todo lo que quieras ofrecerme – susurró.
Me acerqué a él y le puse la mano en el lado izquierdo del pecho; su corazón latía alborotado y sus ojos me miraban con las pupilas totalmente dilatadas. En ese instante me sentí poderosa. Me pegué totalmente a su cuerpo y oí como tragaba duramente. Por primera vez en mi vida vi a Edward Cullen contrariado y confundido. Aunque la confusión le duró más bien poco, ya que colocó sus manos en mi cintura y me atrajo más hacia él.
- No me puedo creer que esto esté pasando – susurró antes de acercarse a mi boca.
OoOoOoOoOoOoOoOoOoO
Y era el serio. No podía creer que Bella no me apartase de su lado, menos me creía que fuera a dejarme que la besara.
Había estado mirándola durante toda la noche; estaba espectacular con ese vestido negro y su pelo liso hasta la cintura, pero su gesto siempr etuvo un ligero deje de tristeza. Desde que llegamos, desde que volví a ver a Bella la ví así, con ese halo de nostalgia a su alrededor. Así que, aun sabiendo que corría el peligro de que me mandara a tomar por culo, fui hasta su despacho. Y ahora me encontraba aquí, con ella, como tantas veces había deseado. Esta vez no era el cabrón de James el que estaba a solas con ella, era yo y solo yo.
Observé con detenimiento esos labios carnosos, jugosos y sensuales. ¿Eran así cuando estuve con ella? ¿Cuando jugué con ella? Me pateé mentalmente al ser consciente de que apenas la miré detenidamente por aquella maldita época. Poco a poco me acerqué a su boca temeroso de que me rechazara a última hora, así que la besé despacio. Sus besos eran tan dulces y sueves como prometían desde fuera, aunque fruncí el ceño cuando no me dejó profundizar el beso.
- ¿Qué quieres de mi? - volvió a preguntar.
¿Que qué quería de ella? Todo, como la había dicho minutos antes, quería todo lo que ella quisiera ofrecerme. Aunque, siendo sincero, en estos momentos lo que más deseaba de ella era su cuerpo y sus besos. Mi propio cuerpo ardía por estar con ella, así que decidí ser directo.
- Quiero esto – le toqué el suave nacimiento de los pechos – Y esto – le acaricié la cintura con dulzura – Y quiero esto – le toqué los labios – Quiero tu boca sobre mi cuerpo – cerró aquellos ojos preciosos durante unos segundos.
- Creo que eso puedo dártelo...
Se acercó a mi y me besó, esta vez en serio. Me besó con fuerza, casi con fiereza. Nuestras lenguas pronto se encontraron en una dulce lucha haciendo que mi cuerpo reaccionara en todo su esplendor; estaba duro como una piedra, excitado hasta la médula. Sus manos se perdieron por el interior de mi camisa enviando descargas eléctricas allá donde acariciaba. Muy despacio me desabrochó la camisa mientras yo la miraba absorto. Sí, estaba aquí con ella, me estaba desnudando...iba a estar con Bella. Cuando retiró por completo la prenda de mi cuerpo la tiró haciendo que se perdiera en algún sitio del despacho. Observó mi torso hasta llegar a mis ojos y entornó los ojos; una mirada totalmente explosiva y sexual. Saqué mi cartera del bolsillo trasero del pantalón y saqué un preservativo; gracias a Dios que era un hombre precavido. Miré sorprendido cómo Bella daba un manotazo a las pocas hojas que había en el escritorio haciendo que se desperdigaran por el suelo.
- Sube a la mesa – susurró.
Mi cuerpo sufrió otra sacudida interna al escuchar esas palabras susurradas por esos narcoticos labios, así que le hice caso y me tumbé sobre la mesa. Mi cuerpo y mi mente estaba en tensión, a la expectativa. Mi pecho subía bajaba rápidamente debido a la excitación del momento...y contuve la respiración cuando Bella se bajó ella misma la cremallera del vestido que me había llevado loco durante toda la noche. Solté todo el aire de mis pulmones de golpe cuando comprobé que debajo del vestido sólo llevaba unas pequeñas braguitas trasparentes negras.
- Dios mío – susurré.
Era la mujer más caliente que jamás había tenido entre mis brazos. Sus pechos eran perfectos, esas suaves montañas con sus pezones sonrosados y duros debido a la excitación. Su estómago ahora era plano y estilizado y estaba decorado por un jodido y caliente piercing azul. Se puso encima de mi y suspiré como un idiota cuando sentí sus sedosas y suaves manos por mi torso. Me estaba volviendo loco y si no me deshacía pronto de mis vaqueros tendría un grave problema de presión. Bella pareció leerme la mente, ya que se dehizo con rapidez de mi cinturón y bajó la cremallera de mis pantalones. Subió por mi cuerpo dejando un rastro de húmedos besos hasta llegar a mi oído.
- ¿Qué quieres de mi, Edward? - volvió a repetir.
- Dios...Bella...quiero esto – le toqué la entrepierna por encima de su ropa interior – Quiero esto...
Volvió a besarme con la misma intensidad que antes haciendo que el poco aire que me quedara se extinguiera. Después noté como bajaba mis pantalones a la vez que mis boxers. Mi miembro erguido e hinchado hasta casi el dolor salió gustoso de la carcel en la que se encontraba. Bella lo tomó entre sus manos y empezó a masajearlo. Lo hacía bien, tan jodidamente bien que fruncí el ceño al pensar con cuantos hombres había estado durante todo este tiempo. Ese pensamiento me enfureció de veras, así que aparté sus manos de mi pene y me puse el preservativo. La miré a los ojos mientras se mordía el labio, y eso me puso aún más caliente. Así que sin más reparos la arranqué literalmente las braguitas haciendo que jadeara levemente.
Bella comprendió mi urgencia, así que cogió de nuevo mi pene entre sus manos, esta vez para introducírselo ella misma en su interior, hasta el fondo. Ambos jadeamos. Mis manos automáticamente se fueron hasta sus pechos, los besé los acaricié...Dios, esto era el cielo. Su cuerpo cálido abrazaba mi masculinidad de tal forma que sentía como poco a poco me dejaba ir. Y esos pequeños gemidos que se escapaban de su boca no ayudaban mucho.
Su piel era extremadamente suave y su olor...el olor de su excitación me traía loco, porque estaba así por mi. No era Alec, ni James...se trataba de mi. Yo estaba a punto, sentía que no podía más así que apreté su culo contra mi erección y me moví con un ritmo frenético en busca de mi orgasmo, pero yo no me iría sin ella. Busqué en su sexo excitado entre sus pliegues íntimos hasta que di con ese capullo escondido. Lo masajeé con cuidado, casi con devoción, hasta que sentí que sus músculos interiores me apretaban con tal intensidad que no pude evitar correrme salvajemente. Hundí mi rostro en la curvatura de su cuello en un vago intento por calmar mi respiración y mi acelerado corazón. Le acaricié su sedoso pelo y su espalda hasta llegar al final de su espalda; no podía creer que aún estuviera en su interior fuertemente anclado sintiendo los pequeños espasmos de su orgasmo. Levanté la cara de su cuello y cuando fui a besarla ella me apartó por los hombros pegándome de nuevo a la mesa. La miré extrañado, Bella tenía el ceño fruncido y los ojos llorosos. ¿Qué la había pasado? Fui a acariciarla la cara, pero se apartó de inmediato, se separó de mi cuerpo y recogió su vestido del suelo.
- Estoy cansada de esto, Edward. Cierra la puerta al salir, por favor – musitó.
- Espera – dije mientras me subía los pantalones - ¿Estás bien? ¿Te he hecho daño?
- Eso tendrías que habérmelo preguntado hace cinco años – murmuró – Ya te he dado lo que querías...ahora haz el favor de olvidarme de una vez por todas. No puedo ofrecerte nada más...ni quiero...
Cogió su bolso y se fue antes de que pudiera decir una sola palabra. Al parecer la había vuelto a cagar...y de qué manera...
EN EL PRÓXIMO CAPITULO
- ¿Qué? ¿Cómo que que la he hecho? ¿Piensas que he podido ser tan hijo de puta como para hacerla algo sin su consentimiento? ¿En qué cojones estás pensando, Jazz? - dije furioso.
- No pienso en nada, joder. Vienes aquí con cara de enajenado mental, poniendote hasta el culo de alcohol y vas y dices que te has acostado con la tía que más te odia en el mundo...Ahora dime, ¿qué quieres que piense?
- Dios...Me odia...ella...ella me odia – murmuré...
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