CAPITULO 9 DE VUELTA AL PASADO
No podía creer lo rápido que hablaba Alice. En lo que tardamos en subir al piso de arriba y meternos en el despacho de Sam me contó que era diseñadora, que el vestido tan bonito que llevaba puesto era un diseño suyo, que era de Nueva York y que le había encantado el chico rubio que estaba en la cabina del dj, es decir, Jasper. Y lo dijo sin ni siquiera coger aire.
- Tu me dirás – le dije mientras nos sentábamos los tres.
- Bien...como ya sabes, diseño ropa. De momento me han salido pequeños desfiles aunque estoy teniendo muy buena aceptación...pero quiero dar el gran salto definitivo. Miami me parece el sitio idóneo para comenzar mi andadura profesional...y he pensado en ti y en el local para hacer la presentación. Me gustaría que tu fueras la imagen de mi nueva colección y que se hiciera un evento para promocionar mis diseños aquí, en el Forbidden.
- Bueno...no es mi local, así que tendría que hablar con Sam para pedirle permiso...
- No creo que Sam se niegue, él te va a dejar hacer lo que quieras. Además, sale ganando...se va a llevar un pellizquito a parte de la publicidad extra que le va a proporcionar el evento – dijo Alec.
- ¿Y yo en qué parte entro? Has dicho que te gustaría que fuera imagen de tu colección...
- Sí...bueno, la colección se basa en dos partes...los vestidos de fiesta y cocktel...y la lencería. He visto fotos de tus actuaciones y creo que serías la mejor modelo para estas prendas en concreto – sonrió como una niña traviesa – Así que, si aceptas, haríamos una sesión de fotos como promoción...y si tu jefe acepta me encantaría que llevaras algo mío puesto la noche de la fiesta...
- Bueno, a mi me parece genial todo...pero igualmente tengo que contar con el permiso de Sam, no puedo hacer algo de esta magnitud sin que él lo sepa...
- ¿Entonces aceptas? - dijo Alice botando en su silla.
- Por mi parte estaré encantada...tendremos que esperar a mañana a que pueda hablar con Sam – sonreí ante la cara de felicidad de Alice...esta chica me estaba empezando a caer muy bien – Mañana te llamo y te cuento, aunque no creo que haya ningún problema por su parte...
Alec se marchó con Alice para que no se fuera sola hasta su casa mientras yo me quedé en el despacho de Sam. La verdad es que la idea de Alice me parecía muy buena, esperaba ansiosa que Sam aceptara la propuesta de esa pequeña mujer y llevar a cabo lo que tenía pinta de ser una de las mejores fiestas de la temporada.
Miré el calendario para poder mirar posibles fechas para el gran evento...gemí interiormente. Se aproximaba la fecha en la que dejé apresuradamente mi casa, llena de dolor y rabia...con el corazón partido en mil pedazos...Cinco años hacía que no veía a mis padres, que no oía sus voces...y poco después...
Mantuve mis lágrimas a raya; me estaba volviendo una puta meláncolica y con el paso de los meses y los años era peor. Cada vez peor...aunque lo que en realidad lo había empeorado todo había sido el reecuentro con Edward...
De nuevo estaba en la cama de Edward...habíamos hecho el amor minutos antes, pero algo andaba mal. Se apartó furiosamente de mi lado cuando fui a besarle.
- Ni por todo el oro del mundo dejaría que me besaras, Isabella...vete de mi habitación...estoy cansado de todo esto – dijo con asco.
Ahogué un gemido y me marché de la habitación lo más rápido que pude. Fui vistiéndome por el camino y cuando quise salir de esa casa me encontré de nuevo en los pasillos del instituto. ¿Qué estaba pasando de nuevo? Había un montón de gente en el tablón de anuncios y todos se estaban riendo con ganas.
- ¿Cómo te pudiste poner duro con semejante visión, tío? - preguntó Emmet con cara de asco.
- Pfff, me imaginé a Lauren chupándome...ya sabes – todos se rieron más. ¿En verdad esa era la voz de Edward? Me acerqué un poco más, el corazón me retumbaba en los oídos con cada paso que daba.
- ¿Y cómo conseguiste metérsela? Con tanta carne – otra multitud de risas...
- Hubo momentos en los que pensé que me iba a engullir – dijo Edward con tono burlón – En serio...después de estar con ella me metí en la ducha y me desinfecté por completo...
- Dios mío...que pedazo de culo tiene...¿veis la celulitis? - dijo alguen cuya voz no supe reconocer.
Cuando al fin llegué al tablón de anuncios en el que todos estaban me quedé petrificada. Allí, delante de todos, había un montón de fotos mías de la noche anterior. En ellas se veían claramente las secuencias de cómo me había acostado con Edward. Claro que a él no se le veía apenas, se había guardado bien de que la cámara no le enfocara a él directamente. Todos, absolutamente todos se reían de mi. Ponían cara de easco y les reían las gracias a Emmet y a Edward.
Me sentí morir. Yo estaba totalmente enamorada de Edward y él había cogido mi corazón para estrujarle, partirle y tirarle a la basura de la manera más cruel. Se estaba riendo de mi, de mi intimidad y de mis sentimientos. No podía sentirme más humillada y expuesta...y cuando parecía que ya nada podía ir a peor...
- Te doy cien dólares más si enseñas el vídeo – le dijo Emmet a Edward.
- Hecho.
Me levanté de nuevo llorando, con la cara empapada por las lágrimas...¿cuándo se iba a acabar todo esto? ¿Cuándo?
Me levanté rápidamente de la cama y fui al baño a refrescarme ya que tenía el cuerpo entereo cubierto de sudor, pero de nada me sirvió...sentía que las paredes se me venían encima, necesitaba aire, espacio, necesitaba desahogarme y lo necesitaba ya porque si no lo hacía, el nudo que sentía en el corazón terminaría explotando...
Cogí algo de ropa, una camiseta de tirantes y unos shorts y bajé a la piscina con mis gafas de sol puestas a pesar de que apenas eran las nueve de la mañana. No quería que nadie me viene hecha un mar de lágrimas.
Al llegar a la piscina cogí una de las tumbonas y me recosté. Ya no me dolían recordar los insultos con los que una vez me humillaron; eso ya pasó y las palabras se las llevaba el viento. Incluso ya me daba igual la forma con la que jugaron con mis sentimientos. De eso hacía mucho tiempo...pero el conjunto de esa historia me había causado un dolor que iba más allá de mi. Por una puta gracia, por una puta apuesta lo perdí todo...no era justo...no había sido justo...Empecé a sollozar debilmente cuando noté que no estaba sola.
- Hey...Bella, ¿te encuentras bien? - miré hacia arriba y comprobé que era Jasper que me miraba con cara de preocupación.
- No...no me encuentro bien...
Entonces rompí a llorar, con todas mis ganas y como hacía tiempo que no lo hacía. Desde que me convertí en lo que era no había vuelto a llorar de esa manera, como una niña pequeña cuando le quitan su muñeco preferido...De repente me encontré entre unos brazos fuertes pero a la vez gentiles. Jasper, sin apenas conocerme, me estaba brindando el apoyo que necesitaba en el momento oportuno.
Esperó pacientemente a que me calmara; nunca me separó de él y, aunque de manera vaga y opacada por mis sollozos, podía oir sus susurros y palabras de consuelo.
- ¿Mejor?
- No – lloré.
- ¿Qué ocurre, Bella? - dijo separándome un poco de su cuerpo para mirarme a los ojos – No nos conocemos desde hace mucho, pero puedes confiar en mi...
- Lo se...lo siento...Quizás...quizás debería desahogarme, necesito contárselo a alguien...
- Bueno...se me da bien escuchar – sonrió.
- Es una historia muy larga.
- Tengo tiempo...entro a trabajar a las nueve de la noche – me volvió a sonreir.
- Está bien – suspiré – Te...te invito a un café, si quieres...
- Me encantaría.
Subimos hasta mi apartamento y le invité a entrar. Jasper se sentó en uno de mis sofás mientras yo preparaaba un par de cafés. Saqué mi paquete de tabaco mientras la leche se calentaba se calentaban. Estaba nerviosa hasta la médula. Era la primerza vez que hablaría sobre este tema con alguien. Jamás hice caso ni al médico ni al psicólogo. Ellos me aconsejaron ir a terapia, ya que me había afectado demasiado...pero me fue imposible. Aunque hoy, justamente hoy, el dolor se me estaba haciendo tan insoportable que decidí sacarlo de una vez por todas. Sacarlo no, más bien vomitar esas palabras indigestas que se me acumulaban en la garganta desde hacía años.
- ¿Quieres uno? - le pregunté a Jasper ofreciéndole un cigarro.
- No, gracias...no fumo – me sonrió.
- En realidad es una mierda – dije sacando el mechero – Quiero dejarlo, pero últimamente estoy muy nerviosa...y fumar me relaja...
- Si no me equivoco, lo que te altera los nervios es la presencia de mis amigos, ¿no?
- No se lo que te han contado ellos – dije mirándome las manos – Me siento un poco mal contándote esto. Al fin y al cabo son tus amigos...
- Bella, se que ellos no se portaron bien contigo. Se que jugaron con tus sentimientos y condeno sus actos. Pueden ser unos hijos de perra si se lo proponen...aunque también se que no son malos aunque te cueste mucho creerlo...
- Fue...fue hace mucho – Jasper me miró atento – Fue hace cinco años...Yo vivía en Forks con mis padres, Renée y Charlie. Mi padre es el jefe de policía de Forks y mi madre trabajaba como profesora de educación infantil. Se podía decir que vivíamos bien, éramos una familia respetable...aunque yo pasaba mucho tiempo sola en casa Me encerraba allí porque no tenía amigos. Desde primaria los niños se reían de mi sobre peso, supongo que sabrás que antes estaba...gorda – asintió frunciendo el ceño – Cuando empecé la secundaria pesaba ochenta y dos kilos y estaba llena de granos. Imagínate la fuente de insultos y humillaciones que era Isabella Swan.
- ¿Nunca le dijiste a tus padres nada de lo que te pasaba en el colegio?
- ¿Para qué? Ambos estaban muy cansado con sus respectivos trabajos...¿Quién era yo para sumar una preocupación más? Sufrí en silencio las humillaciones y bromas a diario, durante mucho tiempo. Me llamaban gorda, vaca, sebosa – se me quebró la voz – Me hacían la zancadilla porque decían que el suelo retumbaba cuando me caía. Se reían de mi y de mis carnes cuando tenía que correr en clase de gimnasia...- Jasper suspiró.
- ¿Pero por qué?
- Por ser gorda, Jasper. Por ser tímida, fea. Patosa...por no vestir a la moda, por sacar buenas notas, por ser responsable y no meterme nunca en líos...y porque necesitaban alguien de quién reirse – hice una pausa – Emmet era de los peores. Él nunca se mojaba, pero era el que ideaba las bromitas. Para él todo era muy sencillo, no tenía más que entrar por la puerta y automáticamente todos le adoraban. Era el rey, el gracioso para los chicos y el irresistible para las chicas...y el niño asquerosamente rico de Forks. Emmet y Edward pertenecen a dos de las familias más ricas y acomodadas de Forks. Nadie se atrevía a mirarlos por encima del hombro...Ni qué decir tiene que estaba completamente enamorada de Edward en silencio. Me gustaba desde que tenía siete años, aunque él siempre pasó de mi. Increíblemente un día me pidió ser su compañera de trabajo...yo estaba encantada, al menos podría pasar un tiempo extra con él. Pasamos algunas tardes juntos en su casa en la más absoluta normalidad. Me trataba bien, me sonreía y me ayudaba con los trabajos, era atento conmigo...Todo iba un poco mejor para mi, incluso Emmet dejó de gastarme sus pesadas bromitas. Fue entonces cuando Edward me invitó a salir. ¡A mi! No me lo podía creer, pensé que era otra de esas bromas, pero él me dijo que yo era especial, que no sabía por qué la gente se metía conmigo...Evidentemente acepté salir con él, era lo que más deseaba en este mundo. La primera noche que salí con él fue la mejor noche de mi vida y no fue la única. Me llevaba a cenar, al cine...no le importaba que nos vieran juntos. Creía que se había enamorado de mi, que se había obrado el milagro...qué tonta fui – susurré – Una de las noches que quedamos me llevó a su casa. No había nadie porque sus padres al parecer habían salido y me dijo que quería estar conmigo. Dios...¡quería acostarse conmigo! Yo estaba muy pillada por Edward, pero no estaba segura. Era la primera vez que estaba de esta manera con un chico y apenas llevábamos saliendo dos semanas cuando me lo propuso...ni siquiera me había besado en condiciones. Al notar mi vacilación me dijo que si no me acostaba son él era porque no le quería de verdad. Así que no me lo pensé dos veces, ¿qué mejor persona que Edward para perder mi virginidad?
- ¿Eras vírgen? - preguntó Jasper.
- Pues claro – dije como si fuera obvio – Ningún chico se acercó nunca a mi, Edward era el primero e iba a serlo en todo – suspiré – Me...me llevó a su habitación y antes de que pudiera darme cuenta estaba desnuda frente a él. Estaba aturdida por las nuevas sensaciones y por su cercanía. Así que me dejé llevar por él. Recuerdo que intentaba besarlo, pero él me esquivaba, me decía que dejáramos los besos para más tarde. Yo no tenía ni idea de qué hacer, así que me dejé hacer. Con decisión y caso con brusquedad se puso encima de mi y sin más...me penetró. Me dolió mucho, pero aún así no paro y yo tampoco se lo pedí por miedo a estropear el momento supuestamente mágico. Cuando acabó yo sólo quería un poco de su calor y de su cariño, me sentía rara...quería abrazarle y besarle...Ni por todo el oro del mundo te besaría, dijo con asco, estoy cansado de todo esto...y me pidió que me marchara.
- ¿Te trató así de mal?
- Sí...prácticamente me echó de su casa, así que con toda la dignidad que pude reunir recogí mi ropa y me fui de allí. Repasé mentalmente lo que podía haber hecho mal, porque sin duda era culpa mía. Lo único que se me ocurría era que no le había gustado por mi poca experiencia – sonreí sin ganas – Que idiota...lo descubrí al día siguiente...Cuando llegué al instituto al día siguiente Edward y Emmet se habían encargado de enseñar y colgar fotos mías por todas las paredes. Obviamente desnuda. Todos se reían y felicitaban a Edward por la asquerosa misión que había llevado a cabo...Quitarle la virginidad a la gorda Swan fue lo más asqueroso que hice jamás, dijo delante de todos. Dijo que para lograr excitarse conmigo había pensado en no se qué tía con la que se había enrollado un par de días antes, que aún no sabía cómo había conseguido metérmela...y un montón de cosas de las que no me quiero ni acordar. Eso pasó por la mañana, por la tarde todos y cada uno de los estudiantes de Forks habáin visto el video en el que me acostaba con Edward. Y lo más doloroso no fue ver mi intimidad expuesta ni la humillación; lo peor fue ver a Emmet pagarle a Edward los cien dólares de la apuesta y ver cómo se morreaba con Lauren. Fue doloroso al máximo. Lloré hasta secarme...y si pensé que eso había sido lo peor me equivoqué.
- ¿Qué más pudo pasar? - preguntó Jasper impresionado.
- Que mis padres se enteraron...todos lo vieron...
- ¿Vieron el vídeo?
- Y las fotos...todo. Mi padre no lo pudo soportar. Explotó delante de mi como una bomba nuclear. Me gritó, me dijo que no merecía ser su hija, que era una fulana de lo peor por acostarme con cualquiera y dejarme grabar en vídeo.
- ¿Ellos...ellos pensaron que te habías dejado grabar?
- Sí...no se...el caso es que ni mi padre ni mi madre me dieron opción a defenderme...simplemente me echaron de casa.
- Joder...Si te soy sincero, la primera parte de la histoira me la contaron los chicos...aunque evitaron los peores detalles. De esto si que no sabía nada...
- Supongo que esta parte de la historia no la sabe nadie...no he vuelto por Forks desde aquella noche – dije dejando mi taza en la mesa.
- No puedo creer que un padre echara de esa manera a su hija...
Pues lo hizo – dije mientras me recostaba en el sofá – Como ya tenía los dieciocho me dio una maleta y me pidió que me marchara. Sentía vergüenza de mi, era el jefe de policía, una persona que debía de ser respetada. Evidentemente después de lo mío sería la comidilla del pueblo. Así que cogí los pocos ahorros que tenía, apenas eran unos cientos de dólares...y me marché. La priemra noche estaba tan confusa y perdida que dormí en la estación de autobuses de Port Ángeles esperando una llamada de teléfono por parte de mis padres...pero nunca llegó – Jasper ahogó una exclamación – Así que a la mañana siguiente decidí coger uno de esos autobuses. Le pedí a la taquillera el billete más barato, así que acabñe en Phoenix, Arizona. Allí me pagué una pensión durante un par de días, hasta que encontré un trabajo de limpiadora, gracias a Dios. Con lo poco que me pagaban logré alquilarme una habitación...las semanas se pasaban lentas, tortuosamente lentas. Esperaba con fervor una llamada de teléfono...pero nada, ellos jamás me perdonarían. Me sentía enferma, me pasaba las noches enteras llorando e intentando comprender por qué Edward me había hecho eso...empecé a sentirme cansada y deprimida, apenas comía y de lo único que tenía ganas realmente era de llorar. Mis malestares empeoraron; vomitaba todo el tiempo y me mareaba con frecuencia, así que hice caso a mi compañera de piso y fui al médico. El diagnóstico me cayó como un jarro de agua fría.
- ¿Estabas enferma?
- No, estaba embarazada...
ufff hay dios mio, Esto se puso interesante. comenten♥
EN EL PRÓXIMO CAPITULO
Me asomé a la ventana mientras Emmet se alejaba rascándose el culo...seguramente sería una broma de las suyas para picarme. ¿Bella y Jasper? No...no...no, pero sí. Cuando em asomé a la gran ventana de nuestro salón los ví a los dos, en una hamaca de la piscina...abrazados. Jasper la sostenía fuertemente mientras la agarraba de la cintura con los ojos cerrados. A Bella no la podía ver la cara ya que la tenía incrustada en el cuello de mi amigo. Empecé a verlo todo rojo...¿Por qué me pasaba esto? ¿Por qué tenía que sentirme así por algo que había pasado hacía tanto tiempo? ¿Por qué?...
No podía creer lo rápido que hablaba Alice. En lo que tardamos en subir al piso de arriba y meternos en el despacho de Sam me contó que era diseñadora, que el vestido tan bonito que llevaba puesto era un diseño suyo, que era de Nueva York y que le había encantado el chico rubio que estaba en la cabina del dj, es decir, Jasper. Y lo dijo sin ni siquiera coger aire.
- Tu me dirás – le dije mientras nos sentábamos los tres.
- Bien...como ya sabes, diseño ropa. De momento me han salido pequeños desfiles aunque estoy teniendo muy buena aceptación...pero quiero dar el gran salto definitivo. Miami me parece el sitio idóneo para comenzar mi andadura profesional...y he pensado en ti y en el local para hacer la presentación. Me gustaría que tu fueras la imagen de mi nueva colección y que se hiciera un evento para promocionar mis diseños aquí, en el Forbidden.
- Bueno...no es mi local, así que tendría que hablar con Sam para pedirle permiso...
- No creo que Sam se niegue, él te va a dejar hacer lo que quieras. Además, sale ganando...se va a llevar un pellizquito a parte de la publicidad extra que le va a proporcionar el evento – dijo Alec.
- ¿Y yo en qué parte entro? Has dicho que te gustaría que fuera imagen de tu colección...
- Sí...bueno, la colección se basa en dos partes...los vestidos de fiesta y cocktel...y la lencería. He visto fotos de tus actuaciones y creo que serías la mejor modelo para estas prendas en concreto – sonrió como una niña traviesa – Así que, si aceptas, haríamos una sesión de fotos como promoción...y si tu jefe acepta me encantaría que llevaras algo mío puesto la noche de la fiesta...
- Bueno, a mi me parece genial todo...pero igualmente tengo que contar con el permiso de Sam, no puedo hacer algo de esta magnitud sin que él lo sepa...
- ¿Entonces aceptas? - dijo Alice botando en su silla.
- Por mi parte estaré encantada...tendremos que esperar a mañana a que pueda hablar con Sam – sonreí ante la cara de felicidad de Alice...esta chica me estaba empezando a caer muy bien – Mañana te llamo y te cuento, aunque no creo que haya ningún problema por su parte...
Alec se marchó con Alice para que no se fuera sola hasta su casa mientras yo me quedé en el despacho de Sam. La verdad es que la idea de Alice me parecía muy buena, esperaba ansiosa que Sam aceptara la propuesta de esa pequeña mujer y llevar a cabo lo que tenía pinta de ser una de las mejores fiestas de la temporada.
Miré el calendario para poder mirar posibles fechas para el gran evento...gemí interiormente. Se aproximaba la fecha en la que dejé apresuradamente mi casa, llena de dolor y rabia...con el corazón partido en mil pedazos...Cinco años hacía que no veía a mis padres, que no oía sus voces...y poco después...
Mantuve mis lágrimas a raya; me estaba volviendo una puta meláncolica y con el paso de los meses y los años era peor. Cada vez peor...aunque lo que en realidad lo había empeorado todo había sido el reecuentro con Edward...
De nuevo estaba en la cama de Edward...habíamos hecho el amor minutos antes, pero algo andaba mal. Se apartó furiosamente de mi lado cuando fui a besarle.
- Ni por todo el oro del mundo dejaría que me besaras, Isabella...vete de mi habitación...estoy cansado de todo esto – dijo con asco.
Ahogué un gemido y me marché de la habitación lo más rápido que pude. Fui vistiéndome por el camino y cuando quise salir de esa casa me encontré de nuevo en los pasillos del instituto. ¿Qué estaba pasando de nuevo? Había un montón de gente en el tablón de anuncios y todos se estaban riendo con ganas.
- ¿Cómo te pudiste poner duro con semejante visión, tío? - preguntó Emmet con cara de asco.
- Pfff, me imaginé a Lauren chupándome...ya sabes – todos se rieron más. ¿En verdad esa era la voz de Edward? Me acerqué un poco más, el corazón me retumbaba en los oídos con cada paso que daba.
- ¿Y cómo conseguiste metérsela? Con tanta carne – otra multitud de risas...
- Hubo momentos en los que pensé que me iba a engullir – dijo Edward con tono burlón – En serio...después de estar con ella me metí en la ducha y me desinfecté por completo...
- Dios mío...que pedazo de culo tiene...¿veis la celulitis? - dijo alguen cuya voz no supe reconocer.
Cuando al fin llegué al tablón de anuncios en el que todos estaban me quedé petrificada. Allí, delante de todos, había un montón de fotos mías de la noche anterior. En ellas se veían claramente las secuencias de cómo me había acostado con Edward. Claro que a él no se le veía apenas, se había guardado bien de que la cámara no le enfocara a él directamente. Todos, absolutamente todos se reían de mi. Ponían cara de easco y les reían las gracias a Emmet y a Edward.
Me sentí morir. Yo estaba totalmente enamorada de Edward y él había cogido mi corazón para estrujarle, partirle y tirarle a la basura de la manera más cruel. Se estaba riendo de mi, de mi intimidad y de mis sentimientos. No podía sentirme más humillada y expuesta...y cuando parecía que ya nada podía ir a peor...
- Te doy cien dólares más si enseñas el vídeo – le dijo Emmet a Edward.
- Hecho.
Me levanté de nuevo llorando, con la cara empapada por las lágrimas...¿cuándo se iba a acabar todo esto? ¿Cuándo?
Me levanté rápidamente de la cama y fui al baño a refrescarme ya que tenía el cuerpo entereo cubierto de sudor, pero de nada me sirvió...sentía que las paredes se me venían encima, necesitaba aire, espacio, necesitaba desahogarme y lo necesitaba ya porque si no lo hacía, el nudo que sentía en el corazón terminaría explotando...
Cogí algo de ropa, una camiseta de tirantes y unos shorts y bajé a la piscina con mis gafas de sol puestas a pesar de que apenas eran las nueve de la mañana. No quería que nadie me viene hecha un mar de lágrimas.
Al llegar a la piscina cogí una de las tumbonas y me recosté. Ya no me dolían recordar los insultos con los que una vez me humillaron; eso ya pasó y las palabras se las llevaba el viento. Incluso ya me daba igual la forma con la que jugaron con mis sentimientos. De eso hacía mucho tiempo...pero el conjunto de esa historia me había causado un dolor que iba más allá de mi. Por una puta gracia, por una puta apuesta lo perdí todo...no era justo...no había sido justo...Empecé a sollozar debilmente cuando noté que no estaba sola.
- Hey...Bella, ¿te encuentras bien? - miré hacia arriba y comprobé que era Jasper que me miraba con cara de preocupación.
- No...no me encuentro bien...
Entonces rompí a llorar, con todas mis ganas y como hacía tiempo que no lo hacía. Desde que me convertí en lo que era no había vuelto a llorar de esa manera, como una niña pequeña cuando le quitan su muñeco preferido...De repente me encontré entre unos brazos fuertes pero a la vez gentiles. Jasper, sin apenas conocerme, me estaba brindando el apoyo que necesitaba en el momento oportuno.
Esperó pacientemente a que me calmara; nunca me separó de él y, aunque de manera vaga y opacada por mis sollozos, podía oir sus susurros y palabras de consuelo.
- ¿Mejor?
- No – lloré.
- ¿Qué ocurre, Bella? - dijo separándome un poco de su cuerpo para mirarme a los ojos – No nos conocemos desde hace mucho, pero puedes confiar en mi...
- Lo se...lo siento...Quizás...quizás debería desahogarme, necesito contárselo a alguien...
- Bueno...se me da bien escuchar – sonrió.
- Es una historia muy larga.
- Tengo tiempo...entro a trabajar a las nueve de la noche – me volvió a sonreir.
- Está bien – suspiré – Te...te invito a un café, si quieres...
- Me encantaría.
Subimos hasta mi apartamento y le invité a entrar. Jasper se sentó en uno de mis sofás mientras yo preparaaba un par de cafés. Saqué mi paquete de tabaco mientras la leche se calentaba se calentaban. Estaba nerviosa hasta la médula. Era la primerza vez que hablaría sobre este tema con alguien. Jamás hice caso ni al médico ni al psicólogo. Ellos me aconsejaron ir a terapia, ya que me había afectado demasiado...pero me fue imposible. Aunque hoy, justamente hoy, el dolor se me estaba haciendo tan insoportable que decidí sacarlo de una vez por todas. Sacarlo no, más bien vomitar esas palabras indigestas que se me acumulaban en la garganta desde hacía años.
- ¿Quieres uno? - le pregunté a Jasper ofreciéndole un cigarro.
- No, gracias...no fumo – me sonrió.
- En realidad es una mierda – dije sacando el mechero – Quiero dejarlo, pero últimamente estoy muy nerviosa...y fumar me relaja...
- Si no me equivoco, lo que te altera los nervios es la presencia de mis amigos, ¿no?
- No se lo que te han contado ellos – dije mirándome las manos – Me siento un poco mal contándote esto. Al fin y al cabo son tus amigos...
- Bella, se que ellos no se portaron bien contigo. Se que jugaron con tus sentimientos y condeno sus actos. Pueden ser unos hijos de perra si se lo proponen...aunque también se que no son malos aunque te cueste mucho creerlo...
- Fue...fue hace mucho – Jasper me miró atento – Fue hace cinco años...Yo vivía en Forks con mis padres, Renée y Charlie. Mi padre es el jefe de policía de Forks y mi madre trabajaba como profesora de educación infantil. Se podía decir que vivíamos bien, éramos una familia respetable...aunque yo pasaba mucho tiempo sola en casa Me encerraba allí porque no tenía amigos. Desde primaria los niños se reían de mi sobre peso, supongo que sabrás que antes estaba...gorda – asintió frunciendo el ceño – Cuando empecé la secundaria pesaba ochenta y dos kilos y estaba llena de granos. Imagínate la fuente de insultos y humillaciones que era Isabella Swan.
- ¿Nunca le dijiste a tus padres nada de lo que te pasaba en el colegio?
- ¿Para qué? Ambos estaban muy cansado con sus respectivos trabajos...¿Quién era yo para sumar una preocupación más? Sufrí en silencio las humillaciones y bromas a diario, durante mucho tiempo. Me llamaban gorda, vaca, sebosa – se me quebró la voz – Me hacían la zancadilla porque decían que el suelo retumbaba cuando me caía. Se reían de mi y de mis carnes cuando tenía que correr en clase de gimnasia...- Jasper suspiró.
- ¿Pero por qué?
- Por ser gorda, Jasper. Por ser tímida, fea. Patosa...por no vestir a la moda, por sacar buenas notas, por ser responsable y no meterme nunca en líos...y porque necesitaban alguien de quién reirse – hice una pausa – Emmet era de los peores. Él nunca se mojaba, pero era el que ideaba las bromitas. Para él todo era muy sencillo, no tenía más que entrar por la puerta y automáticamente todos le adoraban. Era el rey, el gracioso para los chicos y el irresistible para las chicas...y el niño asquerosamente rico de Forks. Emmet y Edward pertenecen a dos de las familias más ricas y acomodadas de Forks. Nadie se atrevía a mirarlos por encima del hombro...Ni qué decir tiene que estaba completamente enamorada de Edward en silencio. Me gustaba desde que tenía siete años, aunque él siempre pasó de mi. Increíblemente un día me pidió ser su compañera de trabajo...yo estaba encantada, al menos podría pasar un tiempo extra con él. Pasamos algunas tardes juntos en su casa en la más absoluta normalidad. Me trataba bien, me sonreía y me ayudaba con los trabajos, era atento conmigo...Todo iba un poco mejor para mi, incluso Emmet dejó de gastarme sus pesadas bromitas. Fue entonces cuando Edward me invitó a salir. ¡A mi! No me lo podía creer, pensé que era otra de esas bromas, pero él me dijo que yo era especial, que no sabía por qué la gente se metía conmigo...Evidentemente acepté salir con él, era lo que más deseaba en este mundo. La primera noche que salí con él fue la mejor noche de mi vida y no fue la única. Me llevaba a cenar, al cine...no le importaba que nos vieran juntos. Creía que se había enamorado de mi, que se había obrado el milagro...qué tonta fui – susurré – Una de las noches que quedamos me llevó a su casa. No había nadie porque sus padres al parecer habían salido y me dijo que quería estar conmigo. Dios...¡quería acostarse conmigo! Yo estaba muy pillada por Edward, pero no estaba segura. Era la primera vez que estaba de esta manera con un chico y apenas llevábamos saliendo dos semanas cuando me lo propuso...ni siquiera me había besado en condiciones. Al notar mi vacilación me dijo que si no me acostaba son él era porque no le quería de verdad. Así que no me lo pensé dos veces, ¿qué mejor persona que Edward para perder mi virginidad?
- ¿Eras vírgen? - preguntó Jasper.
- Pues claro – dije como si fuera obvio – Ningún chico se acercó nunca a mi, Edward era el primero e iba a serlo en todo – suspiré – Me...me llevó a su habitación y antes de que pudiera darme cuenta estaba desnuda frente a él. Estaba aturdida por las nuevas sensaciones y por su cercanía. Así que me dejé llevar por él. Recuerdo que intentaba besarlo, pero él me esquivaba, me decía que dejáramos los besos para más tarde. Yo no tenía ni idea de qué hacer, así que me dejé hacer. Con decisión y caso con brusquedad se puso encima de mi y sin más...me penetró. Me dolió mucho, pero aún así no paro y yo tampoco se lo pedí por miedo a estropear el momento supuestamente mágico. Cuando acabó yo sólo quería un poco de su calor y de su cariño, me sentía rara...quería abrazarle y besarle...Ni por todo el oro del mundo te besaría, dijo con asco, estoy cansado de todo esto...y me pidió que me marchara.
- ¿Te trató así de mal?
- Sí...prácticamente me echó de su casa, así que con toda la dignidad que pude reunir recogí mi ropa y me fui de allí. Repasé mentalmente lo que podía haber hecho mal, porque sin duda era culpa mía. Lo único que se me ocurría era que no le había gustado por mi poca experiencia – sonreí sin ganas – Que idiota...lo descubrí al día siguiente...Cuando llegué al instituto al día siguiente Edward y Emmet se habían encargado de enseñar y colgar fotos mías por todas las paredes. Obviamente desnuda. Todos se reían y felicitaban a Edward por la asquerosa misión que había llevado a cabo...Quitarle la virginidad a la gorda Swan fue lo más asqueroso que hice jamás, dijo delante de todos. Dijo que para lograr excitarse conmigo había pensado en no se qué tía con la que se había enrollado un par de días antes, que aún no sabía cómo había conseguido metérmela...y un montón de cosas de las que no me quiero ni acordar. Eso pasó por la mañana, por la tarde todos y cada uno de los estudiantes de Forks habáin visto el video en el que me acostaba con Edward. Y lo más doloroso no fue ver mi intimidad expuesta ni la humillación; lo peor fue ver a Emmet pagarle a Edward los cien dólares de la apuesta y ver cómo se morreaba con Lauren. Fue doloroso al máximo. Lloré hasta secarme...y si pensé que eso había sido lo peor me equivoqué.
- ¿Qué más pudo pasar? - preguntó Jasper impresionado.
- Que mis padres se enteraron...todos lo vieron...
- ¿Vieron el vídeo?
- Y las fotos...todo. Mi padre no lo pudo soportar. Explotó delante de mi como una bomba nuclear. Me gritó, me dijo que no merecía ser su hija, que era una fulana de lo peor por acostarme con cualquiera y dejarme grabar en vídeo.
- ¿Ellos...ellos pensaron que te habías dejado grabar?
- Sí...no se...el caso es que ni mi padre ni mi madre me dieron opción a defenderme...simplemente me echaron de casa.
- Joder...Si te soy sincero, la primera parte de la histoira me la contaron los chicos...aunque evitaron los peores detalles. De esto si que no sabía nada...
- Supongo que esta parte de la historia no la sabe nadie...no he vuelto por Forks desde aquella noche – dije dejando mi taza en la mesa.
- No puedo creer que un padre echara de esa manera a su hija...
Pues lo hizo – dije mientras me recostaba en el sofá – Como ya tenía los dieciocho me dio una maleta y me pidió que me marchara. Sentía vergüenza de mi, era el jefe de policía, una persona que debía de ser respetada. Evidentemente después de lo mío sería la comidilla del pueblo. Así que cogí los pocos ahorros que tenía, apenas eran unos cientos de dólares...y me marché. La priemra noche estaba tan confusa y perdida que dormí en la estación de autobuses de Port Ángeles esperando una llamada de teléfono por parte de mis padres...pero nunca llegó – Jasper ahogó una exclamación – Así que a la mañana siguiente decidí coger uno de esos autobuses. Le pedí a la taquillera el billete más barato, así que acabñe en Phoenix, Arizona. Allí me pagué una pensión durante un par de días, hasta que encontré un trabajo de limpiadora, gracias a Dios. Con lo poco que me pagaban logré alquilarme una habitación...las semanas se pasaban lentas, tortuosamente lentas. Esperaba con fervor una llamada de teléfono...pero nada, ellos jamás me perdonarían. Me sentía enferma, me pasaba las noches enteras llorando e intentando comprender por qué Edward me había hecho eso...empecé a sentirme cansada y deprimida, apenas comía y de lo único que tenía ganas realmente era de llorar. Mis malestares empeoraron; vomitaba todo el tiempo y me mareaba con frecuencia, así que hice caso a mi compañera de piso y fui al médico. El diagnóstico me cayó como un jarro de agua fría.
- ¿Estabas enferma?
- No, estaba embarazada...
ufff hay dios mio, Esto se puso interesante. comenten♥
EN EL PRÓXIMO CAPITULO
Me asomé a la ventana mientras Emmet se alejaba rascándose el culo...seguramente sería una broma de las suyas para picarme. ¿Bella y Jasper? No...no...no, pero sí. Cuando em asomé a la gran ventana de nuestro salón los ví a los dos, en una hamaca de la piscina...abrazados. Jasper la sostenía fuertemente mientras la agarraba de la cintura con los ojos cerrados. A Bella no la podía ver la cara ya que la tenía incrustada en el cuello de mi amigo. Empecé a verlo todo rojo...¿Por qué me pasaba esto? ¿Por qué tenía que sentirme así por algo que había pasado hacía tanto tiempo? ¿Por qué?...
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