CAPITULO 6 ENCUENTROS INESPERADOS
Me metí en el camerino con la ayuda de Jared, que esperó pacientemente hasta que me quité lo poco que quedaba de mi ropa de trabajo. Me puse de nuevo mi vestido negro de rirantes y Jared y yo volvimos de nuevo a la pista de baile. Me acerqué a la cabina de Dj para ver cómo iba todo; Jasper me sonrió y me levantó el pulgar hacia arriba para indicarme que todo estaba en orden. Comprobé que los chicos de resuridad mantenían en orden el local, como tantas veces le había visto hacer a Sam. En el escenario y en las tarimas los gogos estaban haciendo su espectáculo. Bien.
Me acerqué a la barra. Ahí estaba Mike. Sí, vale...era buen chico y trabajaba bien, pero podía llegar a ser un poco panoli. Antes de hablar volví a mirar a la barra.
- ¿Qué tal por aquí? - Mike se acercó a mi y me puso su cara típica de perrito abandonado.
- Todo bien, Bella – dijo mirándome al escote.
- ¿Y Edward?
- Ha subido arriba con unas cajas y...
- Perfecto – dije cortando la conversación que sin duda Mike querría comenzar.
Cuando terminamos de comprobar la planta baja, Jared y yo subimos al chill out. Pude ver a Jessica sirviendo unos margaritas a un par de chicas y al fondo a Nick. Estaba intentando localizar a Tanya cuando algo frío me salpicó la pierna.
- Mierda – murmuró una chica que salía de uno de los privados – Oh – dijo cuando me vio – Lo siento mucho...a veces tengo manos de trapo.
- No pasa nada – sonreí – Eso me suele pasar muy a menudo...
- Me ha gustado mucho tu actuación de hoy – la pude escuchar mientras me dirigía al baño para secarme.
Una vez dentro me sequé el zapato y comprobé que no me había dejado marca; eran unos zapatos de tres cifras, me daría algo si se me estropeasen...Entonces oí unos ruidos procedentes de una de las cabinas del baño. Y luego unas risillas tontas de mujer. Más bien de dos personas...mierda, alguien debería de estar vigilando los putos baños del piso de arriba. No me hacía ni puta gracia que las parejas en busca de intimidad se colaran en los baños para follar, joder...para eso que se vayan a un hotel.
Entonces decidí ser mala. Me reí en silencio por la crueldad y el coitus interruptus que iba a provocar en breve. Entonces, y sin hacer un ruido que me delatara, abrí un poco la puerta a modo de prueba; los que estaban dentro habían sido tan gilipollas como para dejarse la puerta abierta. O eso, o las ganas les había apretado con fuerza. Entonces abrí la puerta de golpe. Y la sorprendida fui yo, no ellos. Se me calló la mandíbula al suelo, de manera literal.
Dentro estaban Tanya y Edward y en una posición muy poco decorosa, aunque aún no habían empezado nada más íntimo...cosa que mis ojos agradecían. La imagen era de lo más visual, Edward de pie con Tanya agarrándole las caderas con las piernas y su falda en las axilas. Gracias a los cielos aún conservaban la ropa interior. De repente, y sin saber por qué, empecé a verlo todo rojo.
- ¿Quereis hacer el favor de salir inmediatamente de aquí? - dije con una calma tensa. Muuuy tensa.
Edward me miró con los ojos desorbitados. Muy nervioso desenroscó a duras penas las piernas de Tanya de su cuerpo y agachó de nuevo la cabeza avergonzado. Tanya por su parte estaba pletórica. Incluso me atrevería a jurar que casi había rezado porque los pillara en una situación así. Estaría en su salsa al creerse que era la primera de las dos en estar con él. Todo para ti, bonita.
- Ahora mismo quiero ver vuestros dos culos fuera de aquí...
¿Quién eres tu para mandarme a mi? - espetó Tanya con chulería – No eres más que una tía que se despelota delante de la gente y...
- Y soy la actual encargada – la corté ante la atenta mirada de Edward - ¿He de recordarte que tengo carta blanca para echarte a la puta calle? - Tanya perdió el color ed su cara en un microsegundo.
- Ya se lo que te pasa...Estás picada porque me has pillado con Edward...le había echado el ojo y me he adelantado, ¿es eso? - dijo con una cínica sonrisa.
- Mucho antes que tu – les miré a ambos con desprecio – le he probado yo, Tanya. Que sepas que te llevo años de ventaja y, ¿sabes qué? Que por tu bien espero que haya mejorado, tampoco es para tanto. Os quiero ver fuera en menos de un minuto.
Y sin poder aguantarlo por más tiempo salí de allí dando un sonoro portazo. Los había dejado a los dos atónitos con mis palabras. Pero ver la cara de gilipollas que se les había quedado a esos dos no hacía que me sintiera mejor. Ver esa imagen me habá perturbado demasiado. ¿Por qué? ¿Por qué me había molestado tanto ver a Edward entre las piernas de Tanya?
OooOooOooOooOooOooOooOooOooO
Eras las seis de la mañana cuando los chicos y yo nos metimos en el volvo para volver a nuestra recién estrenada casa. Emmet se había medio tumbado en el asiento de atrás mientras que Jasper me miraba atento. Hicimos el camino casi en silencio ya que estábamos demasiado cansados. Al llegar a casa nos derrumbamos sbre el sofá. Y Jasper seguía mirándome.
- ¿Qué pasa? - le pregunté.
- No, ¿qué te pasa a ti? Tienes cara de acelga podrida.
- Gracias – dije de manera irónica – Joder – me pasé las manos por el pelo – Me he enrollado con Tanya.
- ¿Con la camarera rubia? Pfff – dijo Emmet mientras se quitaba la ropa delante de nosotros dejando a la vista unos calzoncillos de la pantera rosa – Está buena...pero me parece un poquito histérica, ¿no? Lo que no entiendo es que si has pillado cacho...¿a qué viene esa cara?
- Me...me he enrollado con ella en el baño de arriba...y...Bella...Bella nos ha pillado – ambos silbaron a la vez.
- ¿Pero estábais follando? - preguntó Emmet alzando una ceja.
- No...aún no – murmuré.
- ¿Y qué ha pasado? - preguntó Jasper.
- Evidentemente nos ha caído una bronca de la leche...y reconozco que con razón. El primer día de trabajo y ya la he liado...no se si voy a durar mucho en el Forbidden – dije mientras me quitaba los zapatos – Está más que claro que Bella me odia.
- No me había dado cuenta – dijo Jasper de manera irónica – Te merecerías que te echara a la puta calle por capullo.
- Vaya, gracias por tu apoyo, amigo – remarqué esa palabra – Mira, me voy a dormir...con un poco de suerte mañana veré las cosas de otra manera...
Pero no fue así. No me levanté viendo las cosas de mejor color; me levanté con el dolor de cabeza más jodido que podía recordar. Sin duda el cambio del horario del sueño me había afectado de manera bestial. Los chicos estaban aún dormidos, apenas eran las once de la mañana...y no había descansado para nada. Me apiadé de mis amigos y me aguanté las ganas de joderles el sueño.
Me preparé un café bien cargado y, en pantalones de pijama y sin camiseta, sali al pasillo. Desde allí había unas preciosas vistas de Miami Beach. Entonces oí que una puerta se abría. Al girarme vi que era Bella. Llevaba puesto un bikini blanco y unos pantaloncitos de color asul demasuado cortos. Llevaba el pelo recogido en un moño mal hecho y su cara estaba libre de maquillaje. Tenía una piel preciosa...
Pude ver su incomodidad al verme. Frunció el ceño y resopló...sólo le faltaba tirarme el tocho de libro que llevaba bajo el brazo. Ambos nos miramos sin decir nada...¿qué podía contarle yo?
- Bella...yo...yo me quería disculpar por lo de anoche y...
- Edward – sentí un escalofrío ante el tono cortante de su voz – No me cuentes tu vida porque no me interesa nada de lo que hagas. Si te quieres follar a la puta de Tanya, follatela. No es mi problemas siempre y cuando no lo hagas en el local del que soy responsable. Soy la encargada de todo lo que pase en el Forbidden, así que guarda la cosa que tienes entre las piernas durante el horario de trabajo, ¿entendido?
Me quedé mirando a Bella sin saber ni qué decir ni qué hacer. Me había dejado sin una puta palabra en la boca...jamás en todo el tiempo que pasamos en Forks la oí hablar de esa manera.
- Y no te preocupes – dijo sacándome de mis pensamientos – No perderás tu trabajo mientras no jodas el mío. Así que apuntate esta nota mental porque la próxima vez no voy a dudar a la hora de patear culos...
Segiró para irse del pasillo. Rápido, rápido...tenía que decirla algo...Dios, estaba quedando como el perfeco gilipollas que era...
- Bella – con un gesto de exasperación se giró y me miró – Creo...creo que deberíamos de olvidar...aquello, ¿no? Pasó hace mucho tiempo, éramos unos críos...No tiene la mayor importancia, al menos para mi...
Bella cerró mucho los ojos ante mis palabras. No podía ser que después de tanto tiempo la historia que pasó entre nosotros siguiera perturbándola de esa manera, no tenía sentido. Entonces abrió la boca para decirme algo, pero de sus labios no salieron ninguna palabra. Se limitó a mirarme con tristeza y se marchó a la piscina...
Los días siguientes pasaron de manera muy similar. El trabajo más o menos iba bien, la convivencia con los chicos era genial...hasta qye Emmet tuvo que tocar los cojones una semana más tarde.
- ¿Cómo que "hemos" quedado en casa de Rosalie? - remarqué el hemos.
- Sí, ya sabes...música, barbacoa, piscinita en una casa de lujo...esas cosas – dijo Emmet sonriendo.
- ¿Irá Bella? - preguntó Jasper.
- Parece que Bella te cae muy bien, ¿no, campeón? - preguntó Emmet.
- Oh sí...me cae genial, es muy divertida.
- Será contigo – murmuré.
- Será que tu solito te has ganado su antipatía – me respondió Jazz.
- Hey, vale...tiempo muerto – dijo Emmet – Esta tarde, a las seis. Joder, hay que aprovechar a disfrutar de las noches que no curramos.
Y dicho y hecho. A las seis en punto estábamos esperando en frente de la casita, notese el sarcasmo, de Rose. Era una casa con playa privada incluída, piscina, dos pisos, garaje y no sé cuantas cosas más. Me recordaba a mi casa de Forks, la única diferencia era que no tenía ni piscina ni playa, obviamente.
Justo cuando íbamos a entrar al hardín la musica de un coche nos llamó la atención a los tres por igual. Una canción de 50 Cents sonaba endemoniadamente bien en los altavoces. Nos giramos...y las mandíbulas se nos cayeron al suelo. Era Bella, e iba montada en el fatástico BMW descapotable que vimos aparcado aquella vez delante del Forbidde. Jo-der.
Aparcó el coche en el gigantesco garage de Rose y con un rápido y fluído movimiento se bajó del coche. Llevaba puesta una falda vaquera demasiado corta para su bien y...en la parte de arriba sólo llevaba un bikini negro, algo pequeño, por cierto...Al pasar por nuestro lado se quitó y sonrió.
- Hola, Jasper.
A Emmet y a mi nos ignoró, por completo, he de decir...Avanzó hasta la entrada de la casa dejando tras de si un maravilloso perfume de fresas que me hizo cerrar los ojos para poder saborearlo mejor...
Cuando entramos al fin en la casa, Rose no tardó en salir vestida de forma parecida a Bella. La abrazó fuertemente y luego la miró con una gran sonrisa.
- ¿A que no sabes a quién te he traído? - le preguntó a Bella.
- Miedo me das...
- No, en serio...esta sorpresa sí que te va a gustar...- se giró levemente antes de gritar - ¡Ya puedes salir!
De una de las puertas, salió un tipo tan alto como yo y tan fuerte como Emmet. El color bronceado de su piel contrastaba con el asul intenso de sus ojos. Cuando vio a Bella se le iluminó la cara y corrió a abrazarla. Y ella no se quedó a atrás. Emitió un pequeño gritito a la vez que cogía impulso para abrazarle las caderas con las piernas. ¿De qué coño iba todo esto? ¿Quién era el musculitos que parecía sacado de un maldito anuncio de pasta dentífrica? ¿Y por qué me estaba sentando todo esto como una patada en el culo?
EN EL PRÓXIMO CAPITULO
- ¿Necesitas ayuda? - le pregunté haciendo que se sobresaltara.
- No, gracias – murmuró.
- Te ha molestado el comentario de Emmet, ¿no es cierto?
- No...- suspiró – No me ha molestado nada en absoluto – dijo en tono monocorde.
- ¿Estuviste enferma? - la pregunta salió de mis labios casi sin quererlo. Y me pateé mentalmente al encontrarme con la mirada gélida de Bella.
- Sí...se me partió el corazón – dijo con la mirada más triste que jamás vi...
Me metí en el camerino con la ayuda de Jared, que esperó pacientemente hasta que me quité lo poco que quedaba de mi ropa de trabajo. Me puse de nuevo mi vestido negro de rirantes y Jared y yo volvimos de nuevo a la pista de baile. Me acerqué a la cabina de Dj para ver cómo iba todo; Jasper me sonrió y me levantó el pulgar hacia arriba para indicarme que todo estaba en orden. Comprobé que los chicos de resuridad mantenían en orden el local, como tantas veces le había visto hacer a Sam. En el escenario y en las tarimas los gogos estaban haciendo su espectáculo. Bien.
Me acerqué a la barra. Ahí estaba Mike. Sí, vale...era buen chico y trabajaba bien, pero podía llegar a ser un poco panoli. Antes de hablar volví a mirar a la barra.
- ¿Qué tal por aquí? - Mike se acercó a mi y me puso su cara típica de perrito abandonado.
- Todo bien, Bella – dijo mirándome al escote.
- ¿Y Edward?
- Ha subido arriba con unas cajas y...
- Perfecto – dije cortando la conversación que sin duda Mike querría comenzar.
Cuando terminamos de comprobar la planta baja, Jared y yo subimos al chill out. Pude ver a Jessica sirviendo unos margaritas a un par de chicas y al fondo a Nick. Estaba intentando localizar a Tanya cuando algo frío me salpicó la pierna.
- Mierda – murmuró una chica que salía de uno de los privados – Oh – dijo cuando me vio – Lo siento mucho...a veces tengo manos de trapo.
- No pasa nada – sonreí – Eso me suele pasar muy a menudo...
- Me ha gustado mucho tu actuación de hoy – la pude escuchar mientras me dirigía al baño para secarme.
Una vez dentro me sequé el zapato y comprobé que no me había dejado marca; eran unos zapatos de tres cifras, me daría algo si se me estropeasen...Entonces oí unos ruidos procedentes de una de las cabinas del baño. Y luego unas risillas tontas de mujer. Más bien de dos personas...mierda, alguien debería de estar vigilando los putos baños del piso de arriba. No me hacía ni puta gracia que las parejas en busca de intimidad se colaran en los baños para follar, joder...para eso que se vayan a un hotel.
Entonces decidí ser mala. Me reí en silencio por la crueldad y el coitus interruptus que iba a provocar en breve. Entonces, y sin hacer un ruido que me delatara, abrí un poco la puerta a modo de prueba; los que estaban dentro habían sido tan gilipollas como para dejarse la puerta abierta. O eso, o las ganas les había apretado con fuerza. Entonces abrí la puerta de golpe. Y la sorprendida fui yo, no ellos. Se me calló la mandíbula al suelo, de manera literal.
Dentro estaban Tanya y Edward y en una posición muy poco decorosa, aunque aún no habían empezado nada más íntimo...cosa que mis ojos agradecían. La imagen era de lo más visual, Edward de pie con Tanya agarrándole las caderas con las piernas y su falda en las axilas. Gracias a los cielos aún conservaban la ropa interior. De repente, y sin saber por qué, empecé a verlo todo rojo.
- ¿Quereis hacer el favor de salir inmediatamente de aquí? - dije con una calma tensa. Muuuy tensa.
Edward me miró con los ojos desorbitados. Muy nervioso desenroscó a duras penas las piernas de Tanya de su cuerpo y agachó de nuevo la cabeza avergonzado. Tanya por su parte estaba pletórica. Incluso me atrevería a jurar que casi había rezado porque los pillara en una situación así. Estaría en su salsa al creerse que era la primera de las dos en estar con él. Todo para ti, bonita.
- Ahora mismo quiero ver vuestros dos culos fuera de aquí...
¿Quién eres tu para mandarme a mi? - espetó Tanya con chulería – No eres más que una tía que se despelota delante de la gente y...
- Y soy la actual encargada – la corté ante la atenta mirada de Edward - ¿He de recordarte que tengo carta blanca para echarte a la puta calle? - Tanya perdió el color ed su cara en un microsegundo.
- Ya se lo que te pasa...Estás picada porque me has pillado con Edward...le había echado el ojo y me he adelantado, ¿es eso? - dijo con una cínica sonrisa.
- Mucho antes que tu – les miré a ambos con desprecio – le he probado yo, Tanya. Que sepas que te llevo años de ventaja y, ¿sabes qué? Que por tu bien espero que haya mejorado, tampoco es para tanto. Os quiero ver fuera en menos de un minuto.
Y sin poder aguantarlo por más tiempo salí de allí dando un sonoro portazo. Los había dejado a los dos atónitos con mis palabras. Pero ver la cara de gilipollas que se les había quedado a esos dos no hacía que me sintiera mejor. Ver esa imagen me habá perturbado demasiado. ¿Por qué? ¿Por qué me había molestado tanto ver a Edward entre las piernas de Tanya?
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Eras las seis de la mañana cuando los chicos y yo nos metimos en el volvo para volver a nuestra recién estrenada casa. Emmet se había medio tumbado en el asiento de atrás mientras que Jasper me miraba atento. Hicimos el camino casi en silencio ya que estábamos demasiado cansados. Al llegar a casa nos derrumbamos sbre el sofá. Y Jasper seguía mirándome.
- ¿Qué pasa? - le pregunté.
- No, ¿qué te pasa a ti? Tienes cara de acelga podrida.
- Gracias – dije de manera irónica – Joder – me pasé las manos por el pelo – Me he enrollado con Tanya.
- ¿Con la camarera rubia? Pfff – dijo Emmet mientras se quitaba la ropa delante de nosotros dejando a la vista unos calzoncillos de la pantera rosa – Está buena...pero me parece un poquito histérica, ¿no? Lo que no entiendo es que si has pillado cacho...¿a qué viene esa cara?
- Me...me he enrollado con ella en el baño de arriba...y...Bella...Bella nos ha pillado – ambos silbaron a la vez.
- ¿Pero estábais follando? - preguntó Emmet alzando una ceja.
- No...aún no – murmuré.
- ¿Y qué ha pasado? - preguntó Jasper.
- Evidentemente nos ha caído una bronca de la leche...y reconozco que con razón. El primer día de trabajo y ya la he liado...no se si voy a durar mucho en el Forbidden – dije mientras me quitaba los zapatos – Está más que claro que Bella me odia.
- No me había dado cuenta – dijo Jasper de manera irónica – Te merecerías que te echara a la puta calle por capullo.
- Vaya, gracias por tu apoyo, amigo – remarqué esa palabra – Mira, me voy a dormir...con un poco de suerte mañana veré las cosas de otra manera...
Pero no fue así. No me levanté viendo las cosas de mejor color; me levanté con el dolor de cabeza más jodido que podía recordar. Sin duda el cambio del horario del sueño me había afectado de manera bestial. Los chicos estaban aún dormidos, apenas eran las once de la mañana...y no había descansado para nada. Me apiadé de mis amigos y me aguanté las ganas de joderles el sueño.
Me preparé un café bien cargado y, en pantalones de pijama y sin camiseta, sali al pasillo. Desde allí había unas preciosas vistas de Miami Beach. Entonces oí que una puerta se abría. Al girarme vi que era Bella. Llevaba puesto un bikini blanco y unos pantaloncitos de color asul demasuado cortos. Llevaba el pelo recogido en un moño mal hecho y su cara estaba libre de maquillaje. Tenía una piel preciosa...
Pude ver su incomodidad al verme. Frunció el ceño y resopló...sólo le faltaba tirarme el tocho de libro que llevaba bajo el brazo. Ambos nos miramos sin decir nada...¿qué podía contarle yo?
- Bella...yo...yo me quería disculpar por lo de anoche y...
- Edward – sentí un escalofrío ante el tono cortante de su voz – No me cuentes tu vida porque no me interesa nada de lo que hagas. Si te quieres follar a la puta de Tanya, follatela. No es mi problemas siempre y cuando no lo hagas en el local del que soy responsable. Soy la encargada de todo lo que pase en el Forbidden, así que guarda la cosa que tienes entre las piernas durante el horario de trabajo, ¿entendido?
Me quedé mirando a Bella sin saber ni qué decir ni qué hacer. Me había dejado sin una puta palabra en la boca...jamás en todo el tiempo que pasamos en Forks la oí hablar de esa manera.
- Y no te preocupes – dijo sacándome de mis pensamientos – No perderás tu trabajo mientras no jodas el mío. Así que apuntate esta nota mental porque la próxima vez no voy a dudar a la hora de patear culos...
Segiró para irse del pasillo. Rápido, rápido...tenía que decirla algo...Dios, estaba quedando como el perfeco gilipollas que era...
- Bella – con un gesto de exasperación se giró y me miró – Creo...creo que deberíamos de olvidar...aquello, ¿no? Pasó hace mucho tiempo, éramos unos críos...No tiene la mayor importancia, al menos para mi...
Bella cerró mucho los ojos ante mis palabras. No podía ser que después de tanto tiempo la historia que pasó entre nosotros siguiera perturbándola de esa manera, no tenía sentido. Entonces abrió la boca para decirme algo, pero de sus labios no salieron ninguna palabra. Se limitó a mirarme con tristeza y se marchó a la piscina...
Los días siguientes pasaron de manera muy similar. El trabajo más o menos iba bien, la convivencia con los chicos era genial...hasta qye Emmet tuvo que tocar los cojones una semana más tarde.
- ¿Cómo que "hemos" quedado en casa de Rosalie? - remarqué el hemos.
- Sí, ya sabes...música, barbacoa, piscinita en una casa de lujo...esas cosas – dijo Emmet sonriendo.
- ¿Irá Bella? - preguntó Jasper.
- Parece que Bella te cae muy bien, ¿no, campeón? - preguntó Emmet.
- Oh sí...me cae genial, es muy divertida.
- Será contigo – murmuré.
- Será que tu solito te has ganado su antipatía – me respondió Jazz.
- Hey, vale...tiempo muerto – dijo Emmet – Esta tarde, a las seis. Joder, hay que aprovechar a disfrutar de las noches que no curramos.
Y dicho y hecho. A las seis en punto estábamos esperando en frente de la casita, notese el sarcasmo, de Rose. Era una casa con playa privada incluída, piscina, dos pisos, garaje y no sé cuantas cosas más. Me recordaba a mi casa de Forks, la única diferencia era que no tenía ni piscina ni playa, obviamente.
Justo cuando íbamos a entrar al hardín la musica de un coche nos llamó la atención a los tres por igual. Una canción de 50 Cents sonaba endemoniadamente bien en los altavoces. Nos giramos...y las mandíbulas se nos cayeron al suelo. Era Bella, e iba montada en el fatástico BMW descapotable que vimos aparcado aquella vez delante del Forbidde. Jo-der.
Aparcó el coche en el gigantesco garage de Rose y con un rápido y fluído movimiento se bajó del coche. Llevaba puesta una falda vaquera demasiado corta para su bien y...en la parte de arriba sólo llevaba un bikini negro, algo pequeño, por cierto...Al pasar por nuestro lado se quitó y sonrió.
- Hola, Jasper.
A Emmet y a mi nos ignoró, por completo, he de decir...Avanzó hasta la entrada de la casa dejando tras de si un maravilloso perfume de fresas que me hizo cerrar los ojos para poder saborearlo mejor...
Cuando entramos al fin en la casa, Rose no tardó en salir vestida de forma parecida a Bella. La abrazó fuertemente y luego la miró con una gran sonrisa.
- ¿A que no sabes a quién te he traído? - le preguntó a Bella.
- Miedo me das...
- No, en serio...esta sorpresa sí que te va a gustar...- se giró levemente antes de gritar - ¡Ya puedes salir!
De una de las puertas, salió un tipo tan alto como yo y tan fuerte como Emmet. El color bronceado de su piel contrastaba con el asul intenso de sus ojos. Cuando vio a Bella se le iluminó la cara y corrió a abrazarla. Y ella no se quedó a atrás. Emitió un pequeño gritito a la vez que cogía impulso para abrazarle las caderas con las piernas. ¿De qué coño iba todo esto? ¿Quién era el musculitos que parecía sacado de un maldito anuncio de pasta dentífrica? ¿Y por qué me estaba sentando todo esto como una patada en el culo?
EN EL PRÓXIMO CAPITULO
- ¿Necesitas ayuda? - le pregunté haciendo que se sobresaltara.
- No, gracias – murmuró.
- Te ha molestado el comentario de Emmet, ¿no es cierto?
- No...- suspiró – No me ha molestado nada en absoluto – dijo en tono monocorde.
- ¿Estuviste enferma? - la pregunta salió de mis labios casi sin quererlo. Y me pateé mentalmente al encontrarme con la mirada gélida de Bella.
- Sí...se me partió el corazón – dijo con la mirada más triste que jamás vi...
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